Son las cinco de la mañana y el sonido de la lluvia me despierta. Afuera, llueve a cántaros. Más tarde habrá que recorrer las mismas zonas de siempre: el centro de Piura, la Plaza de Armas, la avenida Sullana, los Dos Grifos, Ignacio Merino, El Chilcal. Nada ha cambiado desde 2017, cuando el río se desbordó por las intensas lluvias. Las promesas de una reconstrucción con cambios no se han concretado, hasta ahora.
Piura sigue sin contar con un drenaje pluvial integral. Solo existe en el papel, aunque ni siquiera los expedientes técnicos están listos para las ciudades de Piura, Veintiséis de Octubre, Castilla, Catacaos, Paita, Sullana y Talara. Por eso, cada vez que llueve, las imágenes se repiten desde antaño. El Senamhi informó que la lluvia de esta madrugada fue de 4 litros por metro cuadrado, que es considerada ligera.
Sin embargo, los efectos en la ciudad se sintieron como si hubiéramos soportado una precipitación intensa. El año pasado ocurrió lo mismo: todo el verano llovió y nos inundamos en las mismas cuencas ciegas de siempre. A pesar de los casi S/ 100 millones que invirtió el Ejecutivo en los Sistemas Alternativos de Recolección y Evacuación de Aguas Pluviales, o más conocidos como SARE en los departamentos de Piura, Tumbes, Lambayeque y La Libertad. El norte sigue vulnerable.





