A más de 3.000 metros sobre el nivel del mar, en el caserío de Totora, distrito de Pacaipampa, provincia de Ayabaca, Berardo Neyra Meléndrez entendió que defender el territorio significaba también defender el agua. Durante años, el líder comunal impulsó una experiencia de conservación que involucró a familias de su comunidad y que terminó convirtiéndose en un referente de protección de los páramos del norte de Piura.
Neyra falleció dejando detrás una trayectoria vinculada a la conservación de los páramos y bosques de neblina de Pacaipampa. Su historia estuvo marcada por una preocupación concreta: qué ocurriría con las fuentes de agua si continuaban la tala, las quemas y el sobrepastoreo en las zonas altas.
Su trabajo se desarrolló en el predio San Juan y los sectores cercanos a Totora, San Juan y El Palmo. Desde allí articuló a las comunidades para modificar prácticas que durante años habían deteriorado el ecosistema. En una entrevista realizada por Norte Sostenible, recordó cómo comenzó ese proceso: “pudimos convencer a nuestros pobladores que el ganado ya no exista en la zona de páramo, ya no se queme, ya no se tale”.



La experiencia liderada por Neyra no se limitó a denunciar las amenazas sobre los páramos. La comunidad organizó mingas, instaló viveros y promovió la siembra de especies nativas como aliso y queñual. Más de un centenar de familias participaron en estas actividades de restauración y vigilancia del territorio.
También se establecieron zonas destinadas a la conservación, áreas de regeneración y espacios para actividades productivas. La vigilancia comunal buscó impedir nuevas quemas, tala de vegetación nativa y el ingreso de ganado a sectores considerados estratégicos para la recuperación del ecosistema.
Para Neyra, el páramo no era un paisaje distante de la vida cotidiana. Era el origen del agua que llega a las partes bajas de Piura. “Nos hemos dado cuenta que era necesario proteger nuestros páramos porque nuestras aguas son vida”, sostuvo durante el reportaje realizado por Norte Sostenible.
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La importancia del territorio que defendía Neyra trasciende a Totora. Los páramos funcionan como ecosistemas capaces de almacenar agua en sus suelos y liberarla progresivamente hacia las cuencas. Investigaciones citadas en el reportaje de Norte Sostenible identificaron diferencias importantes entre zonas degradadas y áreas mejor conservadas.
En sectores afectados por quemas y ganadería intensiva, los caudales durante la época seca pueden descender hasta 2 o 3 litros por segundo. En zonas mejor conservadas se han registrado caudales mínimos de hasta 30 litros por segundo. La diferencia muestra por qué la conservación de las cabeceras de cuenca tiene efectos más allá de las comunidades que habitan las zonas altas.
La experiencia de Totora también se vinculó con la creación del Área de Conservación Ambiental “Páramos andinos y bosques de neblina de Cachiaco y San Pablo”, con una extensión de 4.312,47 hectáreas, de acuerdo con la investigación sobre la trayectoria de Neyra.

El liderazgo de Neyra también alcanzó espacios de articulación regional. Fue presidente de la Plataforma de Concertación de las Comunidades de los Páramos de Ayabaca y Huancabamba y participó en procesos de intercambio entre comunidades de Perú y Ecuador relacionados con la conservación de estos ecosistemas.
Su defensa del páramo estuvo acompañada por una propuesta económica para las familias que viven en las zonas altas. La conservación, desde su perspectiva, debía ir de la mano con alternativas que permitieran reducir la presión sobre el ecosistema. Entre ellas estuvieron la transformación de productos lácteos, la crianza de truchas, el aprovechamiento de plantas aromáticas y medicinales y el turismo comunitario.
Ese enfoque permitió que la defensa ambiental dejara de ser solamente una oposición a determinadas actividades y se convirtiera en una propuesta de manejo del territorio. El objetivo era que las familias pudieran conservar el páramo sin renunciar a sus medios de vida.
Una vida ligada al agua
La historia de Berardo Neyra quedó ligada a una transformación que no ocurrió de un día para otro. Fue el resultado de años de organización comunitaria, reforestación, vigilancia y convencimiento entre los propios pobladores.
En su territorio, la conservación dependió menos de grandes obras que de decisiones cotidianas: dónde permitir el ganado, dónde sembrar, qué zonas dejar intactas y cómo proteger las fuentes de agua. “Ahora ya estamos con el 95% del cuidado de nuestra área de conservación”, afirmó Neyra en el reportaje de Norte Sostenible.
Su muerte deja la historia de un dirigente que convirtió una preocupación ambiental en una causa comunitaria. En los páramos de Totora, donde la neblina cubre las montañas y el agua comienza su recorrido hacia las partes bajas, queda también la experiencia de una comunidad que decidió asumir la defensa de su territorio.
Para una región como Piura, donde la seguridad hídrica depende de fuentes ubicadas muchos kilómetros y miles de metros por encima de sus ciudades y valles agrícolas, el legado de Neyra plantea una pregunta que va más allá de su comunidad: quién cuida hoy los lugares donde comienza el agua.
Foto de portada: composición generada con IA.