Por: María Pingo Alvarado
Fernando Huamán, director del Centro de Investigación en Opinión Pública (CIOP) de la Universidad de Piura (UDEP), analiza el panorama previo a las Elecciones 2026 y advierte sobre la creciente aparición de encuestas en redes sociales que no tienen fundamento científico y contribuyen al engaño y sesgo en el electorado.
¿Cuál es el papel de las encuestadoras para alcanzar credibilidad y brindar confianza al electorado?
El comportamiento electoral que midieron las encuestadoras en la última elección presidencial nos habla de la necesidad de replantear los mecanismos para el proceso de fiscalización, porque apareció un candidato en las últimas semanas que terminó siendo mandatario. En la esfera pública aparecen postulantes que encabezan las encuestas por mucho tiempo; sin embargo, desaparecen de un momento a otro. Por lo tanto, es importante que el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) pueda trabajar en conjunto con las empresas encuestadoras para saber si están midiendo correctamente la opinión pública en un contexto electoral. A partir de allí, podríamos reflexionar sobre el uso de los elementos constitutivos en la campaña política. A nivel nacional, tenemos identificadas dos o tres empresas que emiten resultados de intención de voto; sin embargo, vale la pena observar lo que pasa en provincia.
El sistema actual del Jurado Nacional de Elecciones (JNE) no permite verificar dónde se realizaron las encuestas ni si se cumplió con la distribución geográfica. Entonces, ¿cómo el electorado puede seguir confiando en las encuestas?
Lo que ocurre es que la información solicitada para conocer cómo se han distribuido las encuestas en las distintas zonas de la población permite conocer el resultado de la opinión. La población debe conocer si las personas encuestadas pertenecen a las zonas declaradas por la empresa. El tema es que el nivel de acceso que ellos tienen, llega hasta la respuesta del encuestado, no hasta la información de dónde vive. Este dato es fundamental porque en un estudio de opinión pública, lo más importante es la representatividad y no el margen de error. Sin embargo, los medios de comunicación dan a entender lo contrario. El margen de error es un parámetro para interpretar resultados, pero la representatividad sirve para validar los resultados. Por lo tanto, es responsabilidad del Jurado Nacional de Elecciones (JNE) garantizar que esa representatividad realmente se esté cumpliendo a nivel técnico. El único modo de poder saberlo es que las empresas alcancen una relación de las personas que han sido encuestadas.
En las redes sociales se están difundiendo encuestas, que tienen un gran impacto en el electorado joven. ¿Cómo hacer para que este grupo no se deje influir por encuestas inverosímiles?
Las encuestadoras tienen la obligación de mostrar la ficha técnica, la página web y el nombre del gerente general. Por eso, no podemos creer en ninguna encuesta difundida por redes sociales que carezca de estos elementos, y menos en una empresa que acaba de nacer, porque el negocio de estas empresas no es la medición de la intención de voto, sino la investigación de mercado. En provincia lo que está ocurriendo es la aparición de empresas encuestadoras que han sido creadas sólo para las elecciones sin ningún responsable legal, ni una ficha técnica. La población debe conocer que existe una reglamentación que impone a las empresas a presentar en su página toda la información, incluso las codificaciones de la base de datos. También debemos tener en cuenta que la normativa vigente de las empresas encuestadoras, les permite difundir sondeos de intención de voto. Esto me parece un error del Jurado Nacional de Elecciones, porque los sondeos no tienen rigor científico.
En las elecciones del 2021 se produjo un cambio abrupto en las últimas semanas, ¿Usted cree que este escenario pueda repetirse? ¿Habrá un outsider de izquierda en las últimas semanas?
Hay dos líneas argumentales que nos pueden ayudar a responder su pregunta: el comportamiento electoral y el análisis sociológico de cómo responde la población en determinados contextos. Desde el punto de vista del comportamiento electoral, la aparición de Pedro Castillo responde a una parte de la población del Perú que sí tenía una propuesta antisistema. En cuanto a nivel sociológico, esa sensación está acrecentada por una falta de presencia del Estado, por una política anticentralista, que podría llamarse antilimeña. Sabemos que el norte del país tiene más cercanía ideológica y política con Lima que el sur del país. Por eso, tendríamos que preguntarnos si esa sensación ha disminuido o ha aumentado. A eso le sumas que el sur siempre ha votado en bloque, es decir, los ciudadanos se preguntan “¿por quién vamos a votar?” Es muy probable que el escenario de las encuestas actuales no sea el mismo de la segunda vuelta, porque hay un voto de protesta que se va a unir, y todavía no lo estamos viendo en el sistema de las encuestas. Creo que podemos tener un cambio en el escenario política hacia la última semana.
En aspecto sociológico, hemos visto que los candidatos a la presidencia no pueden viajar al sur porque son abucheados. El único que ha recibido apoyo ha sido López Chau. ¿Cómo los candidatos de centro o derecha pueden acercarse a la población del sur sin recibir tanto rechazo?
Es una pregunta altamente opinable. Los candidatos que han encabezado las encuestas durante muchos meses mantienen los mismos porcentajes, tendríamos que preguntarnos por qué no avanzan, y analizar cuál es la estrategia de campaña política, en términos de marketing, el posicionamiento, ¿cómo aparecen en la mente del público? Habría que preguntarnos si la estrategia de estudio está ampliando el público propuesto o están hablando al mismo público.
Hay personas que no saben por quién votar, es decir, hay una alta indecisión ¿Cómo influyen las encuestas en este escenario?
Hay 36 candidatos. La población no va a mirar todos los candidatos y va a escoger una ventana en la que habrá cinco o seis candidatos. Las encuestas de intención de voto delimitan aquella ventana. Por eso, es tan importante que el JNE pueda fiscalizar a las encuestadoras inscritas y empezar a denunciar, desde un punto no sólo administrativo, sino también penal, a quienes inventan resultados sin tener ningún tipo de fiscalización nacional, porque alteran un comportamiento electoral en la población.
También es importante el voto informado. La población debe leer el plan de gobierno, pero sabemos que no lo hacen y enfocan su atención en otros puntos.
Los partidos políticos deben tener una sólida identidad en su discurso y en su propuesta. Por ejemplo, en Estados Unidos, los ciudadanos deben leer el plan de gobierno para saber lo que piensa un demócrata o republicano. Así como en España entre el PSOE y Vox. La identidad partidaria es importante y debe estar puesta en todo el discurso político, no sólo en la campaña electoral. Pero como somos un país que tiene partidos políticos frente a una erosión institucional, estamos pidiendo que vaya al plan de gobierno. En ese sentido, hay una responsabilidad de los medios de comunicación de darle a la opinión pública las líneas generales de cada partido, porque deben tomar decisiones en la coherencia partidaria.
¿Qué mensaje le daría al público para que no revisen encuestas sin una fundamentación científica?
Solo buscar encuestas que difundan medios de comunicación serios, con trayectorias y un nivel periodístico profesional detrás. Hay un gran trabajo periodístico de personas individuales que siguen la noticia y mantienen informada a la población de lo que sucede. Pero hablar de darle respaldo a una empresa encuestadora implica más elementos que los medios de comunicación, como un contrato detrás y un registro en el Jurado Nacional de Elecciones. A nivel de regiones, estamos viendo que se están difundiendo pocas encuestas con dichas características. Hay que resaltar que no existe una encuestadora que no tenga una página web, y solo cuente con Facebook. En una encuesta formal eligen a quien van a entrevistar; sin embargo, en las redes sociales el encuestado se auto selecciona.
Foto de portada: UDEP