Norte Sostenible

Piura busca proteger 16.500 hectáreas de páramos en Las Huaringas frente al avance de la minería y el cambio climático

Los páramos de las Huaringas, considerados una de las principales fábricas naturales de agua del norte peruano, enfrentan una creciente presión por el avance de actividades extractivas, los efectos del cambio climático y la degradación provocada por la actividad humana. Frente a este escenario, el Gobierno Regional de Piura impulsa la creación del Área de Conservación Regional (ACR) Páramos y Lagunas de las Huaringas, una iniciativa que busca otorgar protección legal a más de 16 500 hectáreas de ecosistemas altoandinos estratégicos para la seguridad hídrica de la región.

La propuesta, actualmente en su tercer año de evaluación técnica y social, busca convertirse en la segunda Área de Conservación Regional de Piura y proteger una zona que abastece de agua a miles de familias, agricultores y ciudades de la región, con el apoyo financiero de Naturaleza y Apoyo Internacional.

“Si no hubieran los páramos, no tendríamos Poechos, no tendríamos San Lorenzo, no tendríamos agricultura; prácticamente no tendríamos vida”, afirma Raúl Cevallos Encalada, director del Sistema Regional de Conservación de Áreas Naturales (SRCAN) del Gobierno Regional de Piura.

La esponja que alimenta a Piura

A diferencia de otros ecosistemas, los páramos cumplen una función irremplazable en la regulación hídrica. Su vegetación y suelos funcionan como grandes esponjas naturales capaces de captar, almacenar y liberar agua de manera gradual durante todo el año.

Según Cevallos, un metro cuadrado de páramo puede producir hasta cinco metros cúbicos de agua, alimentando quebradas, riachuelos y posteriormente los ríos que abastecen a la región.

La importancia del ecosistema es aún mayor si se considera que en el Perú los páramos solo existen en dos regiones: Cajamarca y Piura. En esta última se concentran principalmente en los distritos de Ayabaca, Pacaipampa y Carmen de la Frontera (Huancabamba), donde se ubica el complejo lagunar de las Huaringas.

La minería, la principal amenaza

Aunque los páramos aún conservan gran parte de su integridad ecológica, el avance de la minería ilegal, proyectos mineros y concesiones en las zonas aledañas genera preocupación entre especialistas y comunidades.

“La amenaza principal que tenemos es la minería”, sostiene Cevallos.

Si bien las áreas que se buscan proteger no presentan actualmente operaciones mineras activas, el riesgo radica en que las aguas que nacen en las partes altas atraviesen zonas concesionadas o intervenidas antes de llegar a los centros poblados.

“Si el agua discurre de la parte alta y pasa por la parte minera, va a llegar contaminada a Piura. Ese es el riesgo que se correría”, advierte.

La preocupación no es nueva. Proyectos como Río Blanco o el Algarrobo han generado durante años tensiones con las comunidades campesinas, que temen que cualquier alteración de las cabeceras de cuenca afecte directamente sus fuentes de agua.

A la presión minera se suma el impacto cada vez más visible del cambio climático. Sequías prolongadas, incendios forestales y alteraciones en los patrones de lluvia están afectando la capacidad de los ecosistemas para almacenar agua.

Por ello, la propuesta de conservación no solo busca proteger lagunas y humedales, sino también fortalecer mecanismos de adaptación climática.

Actualmente, el Gobierno Regional viene promoviendo la formación de brigadas comunitarias de bomberos forestales y proyectos de restauración ecológica para responder a eventos extremos que podrían intensificarse en las próximas décadas.

‘’El objetivo principal es que la comunidad esté lista para tomar la «primera iniciativa» en el control de incendios forestales, permitiendo una reacción rápida antes de que el daño al ecosistema sea mayor’’, sostuvo el funcionario.

Proteger la biodiversidad para proteger el agua

La conservación de los páramos también implica salvaguardar especies emblemáticas que cumplen funciones ecológicas esenciales.

Entre ellas destacan el oso de anteojos y el tapir andino, dos especies consideradas amenazadas y que actúan como dispersoras naturales de semillas.

El principal peligro directo es que las personas de la zona, a menudo por falta de información, sacrifican a estos animales. ‘’Esto es especialmente grave porque ambas especies funcionan como protectores y regeneradores del páramo; al ser animales errantes que recorren grandes distancias, dispersan semillas a través de su digestión, manteniendo así el equilibrio del ecosistema’’, explicó Cevallos.

La pérdida de estas especies podría acelerar la degradación del ecosistema y reducir su capacidad para producir y almacenar agua.

Por otro lado, uno de los principales retos del proyecto ha sido generar confianza entre las comunidades. Durante las primeras etapas del proceso, muchos pobladores mostraron resistencia por temor a que la iniciativa estuviera vinculada a intereses mineros.

“Nos decían: nos van a hacer firmar para que después entre la mina. Hemos tenido que explicar que es exactamente lo contrario”, recuerda el funcionario.

La propuesta contempla que, una vez creada el Área de Conservación Regional, se implementen proyectos productivos sostenibles vinculados a turismo de naturaleza, ganadería mejorada, apicultura, piscicultura y manejo de recursos forestales.

‘’La futura Área de Conservación Regional permitirá canalizar inversiones para fortalecer actividades económicas sostenibles que ya realizan las comunidades, generando ingresos sin comprometer los recursos naturales’’.

Además, la declaratoria hará que el Estado destine presupuesto permanente para vigilancia, conservación y desarrollo local, así como canalizar recursos de la cooperación internacional, garantizando que los beneficios económicos derivados de este patrimonio natural permanezcan en las comunidades locales.

Una carrera contra el tiempo

El expediente técnico para la creación del ACR tiene un costo estimado cercano al millón de soles y actualmente se encuentra en la tercera de cuatro etapas exigidas por el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Sernanp).

De superar las observaciones técnicas y sociales, la propuesta deberá llegar al Consejo de Ministros para su aprobación mediante decreto supremo.

El proceso podría concluir en los próximos años, aunque la experiencia demuestra que la conservación suele avanzar con lentitud. Mientras Piura busca crear su segunda Área de Conservación Regional, Cajamarca ya cuenta con cuatro áreas aprobadas y continúa ampliando su estrategia de protección de páramos.

La diferencia preocupa a especialistas y autoridades, especialmente en un contexto donde la crisis climática y la presión sobre las fuentes de agua son cada vez mayores.

Porque detrás de las lagunas de las Huaringas no solo existe un paisaje emblemático de la sierra piurana. Existe también una reserva estratégica de agua para millones de personas, cuya protección podría definir el futuro hídrico de toda la región.

Foto de portada: Misael Carrasco / Naturaleza y Cultura Internacional

El proyecto pretende otorgar protección legal a uno de los principales reservorios naturales de agua del norte del país y promover alternativas económicas sostenibles para las comunidades de la zona.

6 junio, 2026