Piura cumple 494 años mientras intenta abrirse paso entre calles intervenidas, obras inconclusas, tránsito desordenado y una sensación que se ha vuelto recurrente: llegar tarde a los problemas en lugar de anticiparse a ellos.
En el centro histórico, las obras de pistas, veredas y drenaje conviven con casonas antiguas que enfrentan el deterioro y, en algunos casos, el riesgo de colapso. En mayo, una casona de la calle Cusco sufrió un colapso parcial y el Ministerio de Cultura tuvo que disponer medidas de emergencia para evitar un mayor deterioro.
A pocos kilómetros, el río Piura continúa esperando intervenciones de fondo que reduzcan su vulnerabilidad frente a las lluvias. La ciudad tampoco cuenta todavía con el sistema integral de drenaje que necesita para enfrentar precipitaciones intensas. Todo ello ocurre cuando el reloj climático vuelve a apremiar. Las lluvias están previstas para noviembre y, nueve años después de El Niño de 2017, las soluciones definitivas siguen sin estar concluidas.
Piura no es una ciudad detenida. Ha crecido, se ha extendido y ha multiplicado sus actividades económicas. El problema es que ese crecimiento no ha estado acompañado por una planificación capaz de ordenar el territorio y anticipar las necesidades de una población cada vez mayor.
Para Leopoldo Villacorta, exdecano del Colegio de Arquitectos de Piura y docente de la Universidad Nacional de Piura, el resultado puede resumirse en una expresión severa: “la catástrofe urbana de Piura”.
Su diagnóstico no se limita al estado de las calles o a la demora de las obras. Habla de una ciudad que, a su juicio, ha perdido progresivamente su perfil urbano, sus espacios públicos y su capacidad de planificar el territorio.
“Somos testigos que la marcha de la ciudad en general ha sufrido una involución social y urbana. La causa está relacionada con la falta de liderazgo institucional, el incumplimiento de los planes urbanos y un débil control sobre la expansión de la ciudad”, sostuvo Villacorta.
Crecer no siempre significa avanzar
Piura ya no es la ciudad que recuerdan quienes la conocieron décadas atrás. La población se ha multiplicado, la mancha urbana se ha extendido y nuevos sectores residenciales han cambiado el mapa de la ciudad.Pero, para los especialistas consultados, el problema no está en el crecimiento en sí mismo, sino en la forma en que este ocurrió.
“Yo no diría creciendo, sino extendiéndose”, señala Villacorta. La diferencia, explica, no es semántica. Piura se ha extendido de manera informal, sin que la planificación urbana haya acompañado el proceso.
El historiador de la Universidad de Piura Jorge Pável Elías coincide desde otra perspectiva. Durante casi cinco siglos, la ciudad ha experimentado profundas transformaciones sociales y económicas, pero el crecimiento contemporáneo no siempre ha seguido un orden.
“Todo avance tiene que ser con un orden. Piura ha crecido, pero no ha tenido un orden establecido y hoy enfrenta las consecuencias de haber ocupado espacios que históricamente formaban parte de los cursos naturales de evacuación del agua”, señaló.
El problema deja de ser entonces únicamente urbanístico y se convierte también en un asunto de seguridad.
Elías recuerda que los antiguos pobladores conocían mejor el territorio y evitaban instalarse en determinados cauces o zonas de desfogue. La ciudad moderna, en cambio, terminó ocupando espacios que vuelven a ser reclamados por el agua durante los grandes eventos lluviosos.
“Ellos sabían dónde construir, sabían respetar la naturaleza, el curso natural. Hoy no”, afirmó.
La lección de El Niño de 2017, por tanto, todavía no parece completamente aprendida.
El río vuelve a poner el reloj en marcha
El río Piura es uno de los pendientes que mejor resume esa demora. La ciudad conoce desde hace años el diagnóstico: necesita recuperar capacidad hidráulica, intervenir sus riberas y ejecutar un sistema integral que reduzca el riesgo de inundaciones. También sabe que esas acciones no pueden comenzar cuando las lluvias ya estén encima.
En julio de este año, la Autoridad Nacional de Infraestructura anunció que el proyecto de protección de las riberas del río Piura había obtenido viabilidad, un paso que permite avanzar hacia las siguientes etapas de ejecución. La intervención beneficiaría a más de 600 mil habitantes de Piura y Morropón. Sin embargo, la obra no estará lista para enfrentar este fenómeno de El Niño, que se extenderá hasta el verano de 2027.
El Plan Maestro de Control de Inundaciones y Movimiento de Masas del río Piura existe como instrumento de planificación. Pero la ANIN ha precisado que el documento, por sí solo, no habilita la ejecución inmediata de las obras. Cada intervención requiere completar estudios y obtener su propia viabilidad.
El resultado es una cadena que todavía debe recorrerse: estudios, expedientes, viabilidades, presupuestos y decisiones.Mientras tanto, las lluvias vuelven a acercarse.
El otro gran pendiente es el drenaje pluvial. El proyecto que obtuvo viabilidad técnica en junio contempla 52 sistemas organizados en 10 paquetes de intervención para Piura, Castilla, Veintiséis de Octubre y Catacaos, con una población beneficiaria estimada en más de 726 mil habitantes. Sin embargo, en febrero todavía se encontraba en la fase de formulación del perfil de preinversión, con un avance acumulado de 33% en las etapas de identificación y formulación.
Para Juana Huaco, especialista en gestión pública y docente de la Universidad de Piura, la preocupación de los ciudadanos hoy es mucho más inmediata.“Ahorita la gente, yo creo que más que pensar en el aniversario, estamos pensando en cómo vamos a estar resguardándonos frente a la posibilidad de lluvias intensas”, señala.Su planteamiento es que, ante la proximidad del periodo lluvioso, las autoridades deberían concentrarse en aquellas acciones que puedan reducir el riesgo de manera inmediata.
“Terminemos lo que en principio nos pueda cuidar, la descolmatación del río, dotarnos de alimentos, limpieza de drenes. Si no hay un buen tema de un drenaje, de limpieza de drenes, se va a acumular el agua”, sostiene.
Detrás del agua estancada aparecen otros riesgos: enfermedades, viviendas afectadas, interrupción de servicios y presión sobre los precios.
Una ciudad que también está perdiendo su memoria
Si el río representa una amenaza que vuelve cada temporada de lluvias, el centro histórico enfrenta una pérdida que ocurre todos los días.Las obras de pistas, veredas y drenaje que ejecuta el Gobierno Regional de Piura han transformado las calles del centro. Pero el proceso ha coincidido con advertencias sobre el estado de las antiguas casonas.
La Defensoría del Pueblo ha advertido sobre deficiencias en la ejecución de las obras y riesgos para el libre tránsito, la seguridad y algunos inmuebles antiguos. En mayo, una casona de la calle Cusco colapsó parcialmente.
Villacorta cuestiona que la modernización se haya concentrado en el cambio de pistas y veredas sin una visión integral del patrimonio.
“No se ha tenido especial cuidado en el tratamiento de las edificaciones en adobe y quincha que existen en casi todo el centro histórico”, afirma.
La discusión, advierte, no debería plantearse como una oposición entre patrimonio y modernidad. El desafío es conseguir que ambos puedan convivir.
El historiador Elías también lamenta la pérdida de las casonas, aunque introduce una segunda dimensión. Una ciudad no puede quedar detenida en el pasado. El desarrollo material es necesario, pero debe estar acompañado por una conciencia sobre aquello que se hereda.
“Da pena que lo material se nos vaya, pero el legado cultural también está compuesto por elementos inmateriales que una sociedad debe preservar”, sostuvo.
El contraste resulta difícil de ignorar. Piura se prepara para cumplir 500 años en 2032 mientras todavía discute cómo salvar edificios que forman parte de la historia de la ciudad.
El deterioro urbano tampoco termina en el centro. Villacorta cuestiona la ausencia de espacios públicos de calidad y advierte sobre la pérdida de vías, áreas urbanas y posibilidades de movilidad que deberían hacer más habitable la ciudad.
“Tenemos que pensar en los espacios públicos. Toda ciudad que aspira a ser una ciudad moderna, una ciudad inclusiva, una ciudad para la gente, trabaja en primer lugar sus espacios públicos”, manifestó.
La expansión de nuevos sectores tampoco ha resuelto esa carencia. Hay zonas con viviendas de sectores medios que carecen de plazas, parques y calles adecuadamente articuladas.
Mercado, transporte y servicios, el desorden de todos los días
Los grandes proyectos no son el único problema. Piura también enfrenta dificultades que forman parte de la rutina de sus habitantes: transporte informal, congestión, ocupación de calles, precariedad del mercado, seguridad y servicios básicos.
El ingeniero César Cárdenas, exalcalde de Piura, advierte que sectores como el entorno de Los Ejidos se han desarrollado sin una planificación suficiente y que existen accesos que incluso resultan insuficientes para las necesidades futuras de una urbanización consolidada.
“La ciudad creció. Pero en muchos casos, primero llegaron las viviendas y después la planificación”, manifestó.
En el entorno del mercado, la congestión y la ocupación progresiva de las calles han convertido el desplazamiento en un problema cotidiano.
“Es imposible ya entrar al mercado, hoy Piura es una ciudad que te estresa y te agobia”, sostiene Cárdenas.Huaco observa el mismo proceso desde otra perspectiva.
“Motos en las veredas. ¿Qué es eso? Nos estamos acostumbrando a un desorden”, afirmó.
Y detrás de ese desorden permanecen otros pendientes de infraestructura y servicios. El mercado, el camal, el estadio Miguel Grau y los sistemas de agua y saneamiento continúan formando parte de una agenda que las autoridades todavía no han cerrado.
Cárdenas pone especial énfasis en el abastecimiento de agua potable. Advierte que Piura mantiene una dependencia crítica del canal Daniel Escobar y reclama que quienes aspiran a gobernar la ciudad incorporen la seguridad hídrica entre sus prioridades.
¿Falta dinero o falta gestión?
Durante años, las autoridades han atribuido los retrasos a problemas presupuestales, trabas administrativas o dificultades técnicas. Pero para Huaco el problema central está en otro lugar: la capacidad de convertir los recursos y las normas existentes en soluciones concretas.
“No es un tema de que no hay plata, no es un tema de que no hay la ley, porque las leyes las tenemos; es un tema de gestión”, afirma.
La crítica apunta a una administración pública que puede disponer de recursos y herramientas legales, pero que no siempre consigue traducirlos en obras terminadas y servicios eficientes.
El aniversario encuentra además a Piura en la antesala de una nueva elección municipal y regional. Las actuales autoridades ingresan en la recta final de sus mandatos y buena parte de las grandes soluciones quedará en manos de quienes asuman después.
Por eso, el balance de estos años no debería limitarse al número de obras inauguradas. La pregunta de fondo es otra: ¿cuántos de los problemas estructurales de Piura fueron realmente resueltos?
A pesar del diagnóstico, Piura conserva aquello que le ha permitido sobreponerse a sus crisis. Tiene agricultura, pesca, comercio, turismo, gastronomía, universidades, actividad empresarial y una población acostumbrada a enfrentar las dificultades.
“Piura es una potencia de trabajo. Una potencia agrícola”, sostiene Cárdenas.Villacorta también encuentra una razón para no abandonar la ciudad: la esperanza de sus habitantes.
“Estamos todavía aún con esperanza de que esto se revierta”, sostiene. Su deseo es recuperar una Piura “moderna, pujante, limpia” como la que recuerda de décadas anteriores.
El historiador Elías mira todavía más lejos. En 2032, Piura cumplirá cinco siglos de la llegada de los españoles y de la fundación de San Miguel de la Nueva Castilla. Para entonces, dice, los ojos del país y del mundo estarán puestos en la ciudad.
“Yo quiero una Piura que sea admirada no solamente por su riqueza y su pasado histórico, sino también por cómo es ahora”, afirmó.
Faltan seis años para el quinto centenario. En ese periodo, Piura tendrá que enfrentar problemas que llevan décadas esperando una solución: la protección integral del río, el drenaje pluvial, la seguridad hídrica, la continuidad del Alto Piura, el ordenamiento urbano, el transporte, los servicios básicos y la recuperación de su centro histórico.
Huaco considera que las próximas autoridades deberían llegar con metas concretas, equipos profesionales y capacidad de gestión.‘’A los 494 años, esa puede ser la principal lección del aniversario. Piura ya no necesita otro diagnóstico sobre sus problemas. Necesita continuidad, planificación y capacidad de ejecución para resolverlos’’, concluyó.