Durante décadas, la represa de Poechos ha sido el corazón del sistema hidráulico de Piura. Desde sus compuertas depende el riego de miles de hectáreas agrícolas, el abastecimiento de agua potable para las principales ciudades del departamento y parte de la generación hidroeléctrica del norte peruano. Sin embargo, medio siglo después de su construcción, el embalse enfrenta una grave crisis: la sedimentación ha reducido drásticamente su capacidad y pone en riesgo su funcionamiento futuro.
Ese fue el diagnóstico central presentado por el ingeniero César Alvarado Ancieta, consultor internacional y ganador del Premio de Hidráulica 2023 del Instituto IHE Delft, durante una conferencia técnica realizada en el Colegio de Ingenieros de Piura en el marco de un foro organizado por el Instituto Regional de Apoyo a la Gestión del Agua y los Recursos Naturales (IRAGER).
A lo largo de su exposición, explicó que el problema de sedimentación no es nuevo, pero sí cada vez más grave. En junio de este año, Poechos cumple 50 años de vida útil para el que fue diseñado originalmente, con el objetivo de almacenar grandes volúmenes de agua provenientes del río Chira, sin embargo, ha ido perdiendo espacio útil debido al ingreso permanente de sedimentos.
Las cifras son contundentes.
El volumen original del embalse se estimaba en 885 millones de metros cúbicos, pero las mediciones más recientes muestran que la sedimentación ha reducido esa capacidad en aproximadamente 62%. La acumulación de material no es un fenómeno menor ni circunstancial. Según los análisis presentados en el foro, el ingreso promedio de sedimentos al reservorio ha sido cercano a 11 millones de metros cúbicos por año, lo que explica la rápida pérdida de capacidad de almacenamiento.
“Hoy Poechos ya no es el reservorio para el que fue diseñado. El embalse está progresivamente colmatado y eso limita su capacidad para regular el agua del río Chira”, advirtió Alvarado ante los asistentes.
Para comprender el problema es necesario mirar más allá de la presa. El río Chira nace en territorio ecuatoriano y desciende por una cuenca con fuertes pendientes, donde la erosión natural desprende grandes cantidades de material sólido que el río transporta hacia el mar. Ese sedimento, compuesto por arena, grava y partículas finas, se deposita inevitablemente en el embalse cuando el flujo del río pierde velocidad al entrar al reservorio.
El especialista explicó que en algunos eventos hidrológicos extremos la carga de sedimentos puede alcanzar niveles extraordinarios. “Tenemos variaciones enormes entre caudal líquido y caudal sólido. En algunos registros la relación llega a ser de 6,600 veces entre máximos y mínimos de sedimentos”, señaló.

El reservorio que dota de agua a Piura
El problema de Poechos no es solo hidráulico. Es también social. El reservorio es la principal fuente de agua para buena parte de la población del departamento. Según se recordó en el foro, alrededor del 80% del agua potable de la región depende del sistema regulado por Poechos.
Desde este embalse se abastecen ciudades como Piura, Sullana, Talara y Paita, además de extensas áreas agrícolas del valle del Chira y del Bajo Piura. Incluso zonas como Sechura, donde la disponibilidad de agua dulce es limitada, dependen indirectamente de la regulación que realiza el sistema hidráulico.
“Poechos no es solamente agricultura o generación eléctrica. Es el desarrollo de toda la región”, recordó uno de los especialistas durante el evento.

Más allá de la pérdida de volumen útil, los expertos también advirtieron sobre otros riesgos asociados al envejecimiento de la infraestructura. Uno de ellos es la posibilidad de fallas estructurales ante eventos extremos. Las presas están diseñadas para resistir determinadas avenidas máximas de diseño. En el caso de Poechos, los estudios originales consideraron un caudal extremo de 18 000 metros cúbicos por segundo, mientras que los sistemas de descarga fueron dimensionados para aproximadamente 5 500 m³/s.
Con el paso del tiempo y el aumento de sedimentos en el embalse, la capacidad de respuesta del sistema frente a crecidas extraordinarias puede verse comprometida. Además, Alvarado señaló que los diques laterales requieren evaluaciones permanentes para prevenir problemas como infiltraciones o procesos de tubificación, que en otras partes del mundo han provocado colapsos de presas.
“Creemos que no va a pasar, pero ha sucedido en Brasil, en Estados Unidos, en China, ¿por qué no podría suceder aquí si no tomamos medidas?”, advirtió.
Una solución técnica: la purga de sedimentos
Frente a este escenario, la conferencia se centró en una propuesta técnica que busca enfrentar el problema de la sedimentación de manera sostenible. La idea principal consiste en implementar un sistema de purga controlada de sedimentos, capaz de evacuar parte del material acumulado en el fondo del embalse.
El proyecto plantea la construcción de tres túneles de purga de aproximadamente 8 metros de diámetro, ubicados a una cota de entre 80 y 88 metros (UTM), bajo el dique izquierdo del sistema, sin afectar la estructura principal de la presa.
Estos conductos permitirían descargar sedimentos a través de un sistema hidráulico que, según los modelos presentados, permitirían una descarga de fondo de entre 1,950 y 2 000 m³/s en condiciones adecuadas de operación.
La intervención incluiría además un canal de descarga y trabajos complementarios de dragado para recuperar parte de la capacidad hidráulica del reservorio. Alvarado enfatizó que la purga no eliminaría completamente la sedimentación acumulada, algo técnica y económicamente imposible, pero sí permitiría manejar el embalse de forma más eficiente.

“No vamos a recuperar todo el volumen perdido, pero sí podemos lograr un dragado de aproximadamente 10 millones de m³, para un manejo sostenible del reservorio. Este dragado busca crear un canal o ‘tajo’ en pendiente de 20 metros de profundidad inicial que dirija el flujo de agua y sedimentos directamente hacia la entrada de los tres túneles de purga”, explicó.
El especialista sostuvo que este tipo de soluciones ya se han aplicado en otros países. La construcción de túneles de purga, combinada con dragado selectivo y manejo hidráulico del embalse, es una estrategia utilizada en diversos sistemas de presas para prolongar su vida útil.
Sin embargo, advirtió que se trata de una obra compleja que exige planificación rigurosa, modelamientos hidráulicos detallados y contratistas altamente especializados. “Estas obras no las puede hacer cualquier empresa, se necesita ingeniería de primer nivel”, sostuvo.
Además, recordó que toda intervención debe considerar los efectos aguas abajo, donde la liberación de sedimentos podría afectar infraestructuras existentes o actividades productivas.
Durante el foro también participaron otros especialistas que analizaron la propuesta desde distintas perspectivas. Uno de ellos fue Francisco Varillas Trelles, representante de la empresa prestadora de servicios de agua potable (EPS GRAU) de Piura. Varillas destacó el valor de la propuesta, pero planteó interrogantes sobre los posibles efectos de la purga de sedimentos en el sistema de abastecimiento de agua.
“Si aumentamos la descarga de sedimentos, también existe la posibilidad de que aumente el ingreso de partículas a las plantas de tratamiento”, advirtió. Por ello, recomendó que cualquier intervención sea cuidadosamente planificada para evitar impactos en la calidad del agua que llega a las ciudades.
Otro de los participantes fue el economista Humberto Correa Canova, quien planteó una reflexión sobre el origen del problema. Según explicó, el reservorio de Poechos fue construido en un contexto político y técnico muy distinto al actual, con limitaciones en la planificación de largo plazo.
Para Correa, el desafío actual es evitar repetir errores del pasado y construir una estrategia basada en conocimiento científico y consenso político. “No podemos seguir improvisando. Primero está la ciencia, luego la técnica y después la organización para ejecutar las soluciones”, sostuvo.
Más allá de los aspectos técnicos, los especialistas coincidieron en que el futuro de Poechos dependerá de decisiones políticas. El manejo de la represa involucra múltiples intereses: agricultura, agua potable, energía, infraestructura hidráulica y gestión ambiental. Por ello, cualquier intervención requerirá acuerdos entre el Estado, los usuarios del agua y los distintos sectores productivos.
Foto de portada: Poechos vacío en 2024, tras una fuerte crisis hídrica. Foto: Ralph Zapata/ Norte Sostenible.