Por: Cinthia Cherres Huamán
A Hermelinda Castro Martínez la han querido silenciar de distintas maneras. La han denunciado por alteración del orden público, por protestar contra empresas mineras o por levantar su voz para pedir justicia. Hace un tiempo —evoca en el patio de su casa en Palo Blanco (Piura)— llegaban de madrugada policías a tocarle la puerta y dejarle notificaciones judiciales. Los perros ladraban en la oscuridad y ella despertaba sobresaltada. También la han hostigado con investigaciones fiscales larguísimas, ha sentido impotencia y también injusticia. Pero nunca ha desistido.
Para llegar a casa de Hermelinda, 55 años y voz firme, hay que atravesar una zona de Tambogrande que en verano se inunda por las lluvias. Luego se debe avanzar hasta el centro poblado Pablo Blanco, donde abundan los árboles y se respira aire fresco. Su vivienda se ubica en un fundo de 80 hectáreas, donde ella y sus hermanos siembran mango, paltas y otras frutas y hortalizas que les permiten subsistir. La conexión con la tierra es parte de su cotidianidad.
Desde pequeña, los padres de Hermelinda —migrantes de la región Junín— le enseñaron a amar la tierra. Un ecosistema que ella conoce porque lo respira a diario. Cuando no brinda entrevistas, ella reposa en una silla mecedora, mientras los pájaros cantan desde las copas de los árboles. En las mañanas recorre las plantaciones de mango, palta y hortalizas que crecen en los campos verdes que sobresalen en medio del desierto de Piura.
Los inicios de una lideresa
Los orígenes de su lucha se remontan a la década de los noventa, cuando la empresa minera canadiense Manhattan pretendió extraer minerales de Tambogrande. Entonces —cuenta Hermelinda— algunas de sus profesoras del colegio la llamaron para “hacer algo”. Ese pedido fue el combustible necesario para erigirse como lideresa de la época y, más tarde, consolidarse como una de las defensoras ambientales más importantes de nuestro país.
De la época de Manhattan, Hermelinda recuerda el día en que escuchó en Radio Cutivalú la noticia de que la minera ingresaría a Tambogrande, que había conseguido un convenio con las autoridades de entonces y que se estaba convocando a una marcha de protesta en Piura. No dudó. Se sumó a la marcha, conoció a muchos líderes sindicales y decidió formar la Asociación de Mujeres Distritales de Tambogrande.

Una de las razones que la incentivaron fue un enfrentamiento que se registró en la zona urbana de Tambogrande. El desconocimiento sobre el proyecto y las necesidades de la población —recuerda — sirvieron para que las mujeres dejaran de ser espectadoras y se convirtieran en guardianas de la tierra, protagonistas de la paz y de la justicia social.
Hoy, veinticinco años después de esa lucha contra Manhattan, desde la Asociación de Mujeres Distritales de Tambogrande, Hermelinda lidera nuevamente la lucha de su pueblo contra la minera Buenaventura. Esta compañía planea ejecutar el proyecto El Algarrobo en Tambogrande, para extraer cobre, zinc y plata.
La historia se repite: el factor Buenaventura
La desconfianza de la comunidad de Tambogrande hacia el proyecto minero El Algarrobo no es reciente. Sus orígenes se arraigan en la oposición a la minera Manhattan de inicios de este siglo. En 1999, el Estado, a través de la empresa estatal Centromin, firmó un contrato con la minera Manhattan para ejecutar el proyecto “Tambogrande”, orientado a la explotación de oro. El acuerdo comprendía tres yacimientos: B-5, TG-1 y TG-3, este último forma parte del actual proyecto “El Algarrobo”.
En los noventa, el pueblo de Tambogrande rechazó la minería. Agricultores y pobladores organizaron paros y manifestaciones para impedir su avance. En paralelo, las mujeres —lideradas por Hermelinda— asumieron un rol protagónico en la búsqueda de paz y justicia social.

Ellas promovieron espacios de diálogo con dirigentes, autoridades y con la propia comunidad, convencidas de que la resistencia debía hacerse con propuestas y participación ciudadana. Esa apuesta desembocó en un hecho sin precedentes: el 2 de junio de 2002, la Municipalidad de Tambogrande convocó a una consulta vecinal en la que el 98,6 % de la población rechazó el proyecto minero. El triunfo del “No” fue considerado un hito histórico de resistencia ciudadana.
Toda la población salió a votar—recuerda Hermelinda—, nunca antes había pasado algo similar, pero esta vez fue así. Los resultados expusieron la opinión de la mayoría: eligieron el modelo de desarrollo anclado en la agricultura como principal actividad económica.
El rol de las mujeres en la construcción de paz
Como fundadora de la Asociación de Mujeres Distritales de Tambogrande, Hermelinda introdujo cambios significativos en el distrito. Su liderazgo no solo se centró en la inclusión de las mujeres en todos los niveles de la asociación, sino en fortalecer su participación, asegurando que sus prioridades y necesidades sean incluidas en los procesos de toma de decisión.
La dirigencia actual refleja estos esfuerzos iniciados por la lideresa. En la actualidad, la asociación reúne a 150 mujeres que buscan transformar la realidad de sus comunidades, promoviendo el diálogo y la justicia social como herramientas para evitar que los conflictos escalen. La lucha no es con armas —sentencia Hermelinda— sino con la memoria y la experiencia.

El liderazgo de Hermelinda está inspirando a otras mujeres en la asociación que ven en ella un modelo de determinación y éxito.
“Las mujeres están trabajando en conjunto con los compañeros del frente. Estamos emprendiendo campañas de sensibilización para dialogar y fortalecer a los nuevos líderes. Nos hemos reunido el 9 y el 10 de agosto en la Casa de la Mujer y se ha hecho un plan. Lo primero es seguir fortaleciendo a los nuevos líderes para que estén preparados”, agrega Hermelinda mientras camina por los campos de mango.
Formando redes de apoyo
La experiencia de Hermelinda Castro como líder en su comunidad, todavía enfrenta barreras significativas cuando participa en reuniones con otros representantes del sector, quienes solo buscan intimidar su trabajo. “El machismo sigue presente”, cuenta. Aunque los ataques también vienen de otro lado: desde la policía y las instancias de justicia.
En 2002, previo a la consulta popular, fue denunciada por alteración al orden público y se le siguió un proceso judicial duró cinco años. “La policía venía a veces a las cuatro de la mañana o a las nueve de la noche. Me asustaba y no sé si lo hacían con algún fin, pero me dejaban notificaciones en esos horarios. Se me acusó de alteración al orden público solo por ir a conversar casa por casa y participar en labores de prensa”, narra.
En la actualidad, tras el rechazo a la empresa minera Buenaventura, Hermelinda revela que “el Ministerio Público le notifica a la Policía de Tambogrande para decir que Hermelinda Castro con otros dirigentes, también de la comunidad, harán desorden público. Es una manera de debilitarnos”, prosigue.

Sin embargo, la lideresa de Tambogrande considera que con redes de apoyo más fuertes y una representación más inclusiva, el futuro de Tambogrande promete ser más resiliente y sostenible. Un futuro que reconozca y celebre la contribución de sus mujeres como constructoras de paz y justicia social.
“Yo creo que las jóvenes de Tambogrande, las mujeres, están conscientes de esa identidad, de su territorio, de lo que tenemos. Si es necesario gestionar una nueva consulta popular, lo haremos, y ganaremos nuevamente”, afirma convencida.
Con ella coincide Estela Arroyo Inga, una mujer luchadora que vive en Locuto, zona de influencia directa del proyecto minero El Algarrobo. Esta mujer, de 60 años y defensora del bosque seco, sabe que la labor que realiza incomoda a los grupos de poder.
«Si es necesario gestionar una nueva consulta popular, lo haremos, y ganaremos nuevamente”,
HERMELINDA CASTRO, LIDERESA DE TAMBOGRANDE
«Nosotros vivimos del bosque, aprovechamos el valor que tiene, sus recursos, es una gama de productos que nos otorga el bosque y que ahora se ve nuevamente amenazada por la minería», comenta en la sala de su casa, que sirve también como tienda de productos derivados del bosque seco.
Estela teme que estos conflictos sociales y ambientales que acarrea la actividad minera exterminen los bosques que la vieron crecer. “Nosotros protegemos nuestro bosque porque vivimos del bosque, no puede haber minería porque trae muchas cosas negativas, aparte de la corrupción, aparte de la destrucción de nuestros bosques, de nuestro ambiente”, asegura mientras nos muestra botellas de algarrobina, miel de abeja y otros productos que comercializa.

La sensación de la comunidad de Locuto es que la empresa Buenaventura los subestima al hablarles de los impactos ambientales de la actividad minera. Por eso, la lideresa ha buscado visibilizar su causa por medio de la organización social y de actividades comunitarias.
Estela se ha vuelto una figura importante y de mucha visibilidad en la lucha contra la extracción de minerales en Locuto. Recuerda que a sus 37 años inició la lucha contra la minería en la zona, concientizando a las mujeres de su comunidad y organizándolas en comités para prevenir futuros conflictos por el ingreso de empresas mineras que en el pasado afectaron su vida y la de su familia.
Aunque agradece que, hasta el momento, no haya recibido ninguna amenaza o atentado contra su vida, ella y todas las miembros de la asociación saben que es una posibilidad de la que hay que cuidarse. “No estamos libres de que nos acusen o nos empapelen, pero seguiremos defendiendo nuestra tierra”, dice la lideresa social.
Estela defiende la importancia de las voces de las mujeres en los conflictos sociales. “Nosotras sabemos la realidad de lo que pasa en la comunidad, de todo lo que sucede, por eso defendemos nuestros territorios, nuestros bosques”, afirma mientras cruza miradas con Hermelinda Castro, su colega y compañera en la defensa del territorio.
Foto de portada: Hermelinda Castro en los campos de mango. Crédito: Norte Sostenible.