Por: Analí Valencia
En el corredor nororiental del Perú, el bambú (Guadua aff angustiofolia) es un recurso estratégico que lucha por sobrevivir entre el cambio climático y la presión humana. Un estudio impulsado por el proyecto Bambú Nororiente, implementado por INBAR LAC con el respaldo del Plan Binacional Capítulo Perú y SERFOR, ha logrado identificar con precisión la ubicación de este ‘’acero vegetal’’.
La investigación titulada “Identificación de áreas de plantación de bambú en Piura, Cajamarca y Amazonas mediante imágenes satelitales”, establece que existen 6,433 hectáreas (ha) identificadas en estas tres regiones, sin embargo, la tecnología también ha destapado una realidad alarmante sobre la velocidad con la que estamos perdiendo estos ecosistemas.
El bambú no es un árbol, sino un pasto leñoso de inmensa versatilidad. El estudio destaca su impresionante capacidad de adaptación, encontrándose desde los 48 m.s.n.m. en la costa árida hasta los 2,129 m.s.n.m. en la sierra. Esta planta actúa como una «costura» natural para la tierra; su sistema de raíces entretejidas es vital para estabilizar laderas y riberas de ríos, protegiendo a las comunidades bajas de deslizamientos e inundaciones. Además, el bambú ofrece un alto potencial para la bioeconomía sostenible en Cajamarca y funciona como un corredor biológico esencial para la restauración de cuencas en la húmeda Amazonas.

Piura: resistencia del bambú ante el estrés hídrico
El estudio pone un especial énfasis en Piura, donde se han identificado 1,561 hectáreas (ha) de bambú. A diferencia de la Amazonía, el bambú piurano es un sobreviviente: crece en condiciones ‘’relativamente secas y cálidas’’, con una precipitación anual mediana de apenas 559 mm y temperaturas altas de 28.8 °C.
El mapeo satelital señala que la provincia de Morropón es el corazón del bambú en la región, concentrando 699,19 hectáreas, seguida por Huancabamba (539,30 ha), Ayabaca (280,75 ha) y Piura (41,50 ha).
Algo importante para la planificación territorial es la identificación de Yamango (Morropón) como el distrito representativo, que alberga 318,34 hectáreas. Según el informe, en estas zonas, el bambú cumple el rol de protección de suelos, control de erosión y agroforestería.
Más allá de las cifras de ubicación, la investigación lanza una advertencia basada en la comparación temporal de imágenes. La Ing. Lucya Bryson, una de las investigadoras del estudio, explicó el fenómeno de pérdida de cobertura detectado durante el 2024.

“Al inicio del 2024 con el Sentinel había más cantidad de plantaciones de bambú. Sin embargo, con las imágenes Planet actualizadas a fines de 2024, mucha área ya no era bambú, se dio un cambio de uso de suelo, ahora son cultivos y transformado a pastizal. En ese sentido tiene amenaza, porque está siendo cambiado para otro tipo de cultivos”, mencionó.
Este detalle se corrobora con los datos de asociación de cobertura. En muchas zonas, el bambú convive con mosaicos agropecuarios y laderas intervenidas, lo que lo hace vulnerable a la tala para agricultura de corto plazo, sacrificando la protección a largo plazo.
Muchas veces, los agricultores impulsados por la necesidad económica o el desconocimiento, están talando los rodales de bambú para expandir la frontera agrícola o ganadera, sacrificando un recurso perenne por cultivos estacionales.
El corredor nororiental: Cajamarca y Amazonas
El reporte también confirma que la distribución del recurso responde a patrones ecológicos definidos en todo el corredor. Amazonas se ubica como el gigante de la región con la mayor extensión, sumando 3,411.45 hectáreas concentradas en Bagua (1,736.30 ha) y Condorcanqui (1,615.73 ha), donde el clima húmedo (1514 mm de lluvia anual) permite funciones de conservación. Por su parte, Cajamarca registra 1.461,23 hectáreas, destacando la provincia de San Miguel (743,59 ha), San Ignacio (317,33 ha) y su distrito representativo, La Florida (Sna Miguel) con 644,22 hectáreas. Cajamarca se posiciona como una zona con el mejor balance para desarrollar una cadena de valor comercial productiva.
No obstante, los investigadores subrayan otra problemática: perder bambú es perder seguridad hídrica. En una región como Piura, propensa a eventos climáticos extremos y sequías, el bambú actúa como una esponja natural, regulando los caudales y evitando la erosión de suelos. Además, una hectárea de bambú bien manejada puede ser más rentable que cultivos tradicionales si se conecta a cadenas de valor de construcción y artesanía.
Aunado a ello, el documento advierte que el estrés hídrico provoca grandes variaciones climáticas, afectando la vitalidad de los rodales naturales, haciéndolos más susceptibles a plagas o incendios, lo que acelera su degradación y facilita su posterior conversión a pastizales.

Por lo tanto, el informe finaliza con una hoja de ruta clara para las autoridades regionales y locales, diferenciando las estrategias por departamento: Se recomienda focalizar el monitoreo y la inversión en los distritos de Yamango (Piura), La Florida (Cajamarca) y Aramango (Amazonas) como áreas núcleo para el manejo sostenible.
“Debido al estrés hídrico y la topografía, en Piura no se debe buscar la explotación industrial masiva, sino orientar el manejo a sistemas agroforestales adaptativos y funciones de protección ambiental», se lee en el estudio.
También se sugiere optimizar futuras clasificaciones usando imágenes de alta resolución (PlanetScope) en zonas priorizadas para detectar cambios recientes, como los denunciados por la Ing. Bryson, y frenar la deforestación a tiempo.
Por otro lado, es imperativo integrar estos mapas de cobertura en los Planes de Ordenamiento Territorial de los gobiernos regionales para asegurar que las áreas identificadas cuenten con un estatus de protección o manejo sostenible.
El bambú en el norte del Perú está mapeado. Ahora sabemos dónde está, cuánto tenemos y cuán rápido lo estamos perdiendo. La ciencia ha hecho su parte; corresponde ahora a las autoridades y a la comunidad asegurar que los mapas del 2026 no muestren más pastizales donde hoy todavía existe bosque.
Foto de portada: INBAR LAC Organización Internacional del Bambú y Ratán.