La búsqueda contrarreloj de sobrevivientes continúa en La Guaira, el estado más afectado por los dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron Venezuela el pasado miércoles 24 de junio. Entre edificios colapsados y calles cubiertas por escombros, cientos de personas trabajan con sus propias manos mientras esperan la llegada de más equipos especializados de rescate.
Las primeras 72 horas posteriores a un terremoto son consideradas decisivas para encontrar personas con vida. Por ello, familiares, vecinos y voluntarios permanecen día y noche alrededor de las estructuras derrumbadas, atentos a cualquier sonido que pueda indicar que aún existen sobrevivientes atrapados.
La magnitud del desastre ha convertido a La Guaira en el epicentro de una de las mayores emergencias humanitarias registradas recientemente en Venezuela.
Miles permanecen desaparecidos
Las autoridades continúan actualizando el balance de víctimas mientras avanzan las labores de rescate. Paralelamente, la Organización de las Naciones Unidas estima que alrededor de 50.000 personas permanecen desaparecidas como consecuencia del colapso de centenares de edificios.
La cifra de fallecidos y heridos aumenta conforme los rescatistas logran acceder a nuevas zonas afectadas.
Aunque brigadas internacionales provenientes de México, España, Reino Unido, Estados Unidos, Colombia, El Salvador, Suiza y otros países comenzaron a llegar para reforzar las operaciones, los habitantes consideran que los esfuerzos aún son insuficientes frente a la magnitud de la tragedia.
Ante la limitada presencia de maquinaria especializada, muchos ciudadanos han decidido participar directamente en las labores de búsqueda.
En sectores como Catia La Mar, uno de los más devastados, hombres y mujeres suben a edificios parcialmente colapsados para retirar bloques de concreto, utilizando únicamente palas, herramientas improvisadas e incluso sus propias manos.
Otros emplean drones para inspeccionar zonas de difícil acceso e intentar localizar sobrevivientes sin poner en riesgo a quienes participan en las tareas de rescate.
Durante las intervenciones, los rescatistas solicitan silencio absoluto para intentar escuchar voces, golpes o cualquier señal proveniente del interior de los inmuebles derrumbados.
«Es imposible rescatarlo sin maquinaria»
La incertidumbre domina a cientos de familias que permanecen junto a los edificios destruidos. Jesús Suárez viajó desde Valencia hasta La Guaira con la esperanza de encontrar a su hijo Jean. «No hay información de ningún tipo. Lo que me dicen los que lo conocen es que no lo vieron salir. Considero que puede estar dentro del edificio», relató.
Sin embargo, reconoce que la falta de equipos especializados dificulta enormemente cualquier posibilidad de rescate. «Es imposible rescatarlo porque la situación no da. No hay equipos sofisticados para hacer esa maniobra. El ser humano no puede hacer esto; es muy peligroso», afirmó.
Una situación similar vive la familia de Carlos Eduardo, quien permanece atrapado bajo los escombros. Sus familiares aseguran haber escuchado sus quejidos durante varias horas.
«Empezamos a llamarlo. Carlos, Carlos… y respondió con un quejido. Desde entonces no sabemos más nada. Solo esperamos que puedan sacarlo con vida», contó uno de sus primos.
El tiempo juega en contra
A medida que pasan las horas, las posibilidades de encontrar sobrevivientes disminuyen.
Además del riesgo estructural de los edificios, los vecinos advierten que los cuerpos sin recuperar comienzan a generar problemas sanitarios. «Ya se están sintiendo los fallecidos. Eso nos va a enfermar a nosotros y a los niños», expresó Glendys Delgado.
Otros residentes denuncian que en varios sectores la ayuda gubernamental aún no llega. «Por acá no ha venido nadie del Gobierno. Gracias a personas de Caracas hemos recibido comida», señaló.
El terremoto también dejó miles de personas sin vivienda. Alexandra Gabino, de 28 años, relató que se encontraba dentro de su automóvil junto a su esposo y sus dos hijos cuando comenzaron los movimientos.
«Los niños empezaron a gritar. No entendíamos qué estaba pasando y de repente se cayó el edificio de al lado», recordó.
Desde entonces, la familia duerme dentro del vehículo en el estacionamiento del aeropuerto internacional Simón Bolívar, uno de los pocos espacios abiertos considerados seguros.
«Da tristeza quedarte sin nada. Mi mamá perdió su casa, nosotros perdimos la nuestra. Todo el mundo dice que lo importante es estar vivo, y sí, pero duele ver a las personas sufrir, escuchar los gritos y no poder hacer nada», expresó.
Mientras continúan llegando rescatistas internacionales, miles de familias mantienen la esperanza de encontrar con vida a sus seres queridos. Cada minuto que pasa resulta determinante en una emergencia que mantiene en vilo a Venezuela y concentra la atención de la comunidad internacional.