Norte Sostenible

Fenómeno El Niño podría generar pérdidas de hasta S/8 mil millones a la economía: Piura ya siente los primeros impactos

La economía de Piura comenzó a resentir los efectos del Fenómeno El Niño incluso antes de que inicien las lluvias. El calentamiento del mar ya provocó una fuerte caída de la pesca industrial, alteró los ciclos de cultivos de exportación y elevó el precio de productos hidrobiológicos de consumo masivo. Sin embargo, para los especialistas, el mayor problema no radica únicamente en el fenómeno climático, sino en que la región lo enfrenta con una economía que nunca terminó de recuperarse de la pandemia ni de los anteriores eventos extremos.

El economista y docente de la Universidad de Piura, Germán Vega, recordó que el último Reporte de Inflación del Banco Central proyecta que las anomalías climáticas asociadas al Fenómeno El Niño reducirán en 0,7 puntos porcentuales el crecimiento económico nacional durante este año.

Traducido a cifras, ello representa alrededor de S/8000 millones menos en producción, un monto que equivale a casi dos veces el presupuesto anual del Gobierno Regional de Piura.

Aunque la estimación corresponde a todo el país, Vega sostuvo que la costa norte sufrirá buena parte de las pérdidas debido a que concentra los sectores más sensibles al fenómeno climático.

«No puedo decir cuánto de esos S/8.000 millones corresponderán a Piura, pero sí podemos afirmar que la costa norte se llevará una parte importante del impacto porque aquí ya estamos viendo los primeros efectos en la pesca, la manufactura y la agricultura», explicó.

Una economía que llega debilitada

A diferencia de otros episodios, Piura enfrenta este nuevo Fenómeno El Niño con profundas debilidades estructurales. Aunque la producción regional acumula dos años consecutivos de crecimiento desde abril de 2024 y casi todos los sectores mostraban una recuperación al inicio de 2026, ese dinamismo no se tradujo en una mejora del bienestar de la población.

‘’La pobreza continúa por encima de los niveles previos a la pandemia y, por primera vez, el incremento de la pobreza urbana empieza a preocupar más que la rural, debido a que las familias dependen exclusivamente de ingresos monetarios para alimentarse’’, explicó Vega.

Agregó que la pérdida sostenida del poder adquisitivo también agrava la situación. Si bien los ingresos nominales han aumentado respecto de 2019, el costo de vida creció a un ritmo mayor, por lo que el dinero alcanza para comprar menos bienes que hace seis años.

Para Vega, esta característica explica por qué los desastres naturales golpean con tanta fuerza a Piura. Estudios citados por el economista muestran que, tras un desastre natural, las personas no necesariamente pierden el empleo, pero sí experimentan una reducción promedio de S/200 mensuales en sus ingresos, una caída que puede mantenerse durante tres o cuatro años debido a que terminan desplazándose hacia actividades menos productivas.

‘’El problema resulta especialmente delicado en Piura, donde el 77% del empleo es informal y más de la mitad de los trabajadores se encuentra en condición de subempleo. Esto significa que una gran parte de la población depende de ingresos diarios y tiene poca capacidad para afrontar interrupciones prolongadas de su actividad económica’’, manifestó el economista.

El golpe ya empezó

Los primeros indicadores económicos ya reflejan ese deterioro. Según cifras del INEI expuestas por Vega, la actividad pesquera cayó 73,3% en mayo, principalmente por la reducción de la captura de anchoveta debido al calentamiento del mar. La menor disponibilidad del recurso también afectó a la manufactura primaria, que depende del procesamiento de harina y aceite de pescado.

El impacto ya comenzó a sentirse en los mercados. Especies como el bonito y la caballa incrementaron sus precios, reduciendo una de las principales fuentes de proteína de bajo costo para las familias.

En la agricultura, el problema todavía no son las inundaciones, sino las altas temperaturas. El calor ya viene alterando los ciclos fisiológicos de cultivos como mango y limón, reduciendo su productividad antes incluso del inicio de la temporada de lluvias.

Sin embargo, el impacto no solo se limitaría al agro y la pesca. El turismo, que había logrado recuperar los niveles previos a la pandemia gracias a la reapertura total del aeropuerto de Piura, también podría perder su temporada más importante si las lluvias afectan las carreteras y limitan el acceso a los principales destinos de playa durante el verano.

A ello se suma la situación del comercio y las microempresas, especialmente en el centro de Piura, donde persisten obras de pistas y drenaje inconclusas. Vega advirtió que estos proyectos, además de afectar las ventas, podrían agravar los efectos de las lluvias al mantener calles abiertas y sistemas de agua y alcantarillado intervenidos.

‘’Esto es preocupante, ya que durante las lluvias de 2023, Piura llegó incluso a liderar la inflación nacional, un comportamiento que podría repetirse si las lluvias interrumpen nuevamente el abastecimiento’’, añadió el especialisita.

Infraestructura precaria multiplica las pérdidas

La vulnerabilidad económica también está estrechamente ligada a las brechas en infraestructura pública.

Piura ocupa el puesto 17 en el Índice de Competitividad Regional y sus peores indicadores corresponden precisamente a infraestructura, agua, saneamiento y mercado laboral.

La situación resulta particularmente crítica en servicios básicos. El 96% de los establecimientos de salud de primer nivel carece de la capacidad instalada necesaria para atender a la población, mientras que la mitad de las instituciones educativas necesita ser reconstruida completamente, no solo remodelada. A ello se suma el deficiente acceso al agua potable, uno de los principales problemas estructurales identificados por el Instituto Peruano de Economía.

Los especialistas advierten que estas carencias aumentan el costo económico de cualquier evento climático. A ello se agregan más de S/3.600 millones en obras paralizadas, muchas de ellas relacionadas con saneamiento.

‘’Investigaciones económicas han demostrado que las obras abandonadas o inconclusas incrementan el riesgo de enfermedades infecciosas y accidentes durante las temporadas de lluvias, al dejar sistemas de agua interrumpidos y zanjas abiertas’’, sostuvo Vega.

Una lección que aún no se aprende

Para el decano de la Facultad de Economía de la Universidad de Piura, Humberto Correa, las pérdidas finales dependerán de la intensidad del evento, pero advirtió que, si se materializa un escenario severo, el impacto económico para Piura podría superar los US$3000 millones, considerando no solo la infraestructura dañada, sino también la pérdida de empleos, cultivos, viviendas y actividad productiva.

El economista sostuvo que la región continúa enfrentando el mismo problema de décadas anteriores: la falta de una planificación integral para gestionar el recurso hídrico y ejecutar obras de prevención de largo plazo.

Frente a ello, el especialista insistió en la creación de una autoridad autónoma que garantice la continuidad de las inversiones y evite que cada cambio de gobierno retrase proyectos considerados estratégicos para reducir la vulnerabilidad de Piura frente a futuros fenómenos de El Niño.

Su propuesta contempla la creación de un fideicomiso alimentado con recursos provenientes de saldos presupuestales no ejecutados, con el fin de asegurar el financiamiento de grandes obras hidráulicas, reservorios, sistemas de drenaje y proyectos de control de inundaciones sin que queden sujetos a interrupciones por restricciones presupuestarias o cambios de gobierno.

Foto de portada generada con IA

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Las anomalías climáticas asociadas al Fenómeno El Niño restarían S/8000 millones a la producción nacional este año, según el Banco Central. La cifra equivale a casi dos veces el presupuesto anual del Gobierno Regional de Piura y a cerca de ocho veces el presupuesto del programa Juntos. Aunque la proyección es para todo el país, economistas sostienen que Piura absorberá una parte importante del impacto debido a la fragilidad de su economía, el deterioro de los servicios públicos y la dependencia de sectores altamente sensibles al clima.

20 julio, 2026