La climatóloga Norma Ordinola Ipanaqué; el presidente de la Comisión Nacional en Gestión del Riesgo de Desastres del Colegio de Ingenieros del Perú, Luis Miguel Morán Yáñez; y el ingeniero especialista en hidráulica, Eduardo Zegarra, coinciden en que Piura dispone de apenas unos meses para ejecutar medidas concretas antes del próximo verano y reducir el impacto de un fenómeno que, según los escenarios climáticos actuales, podría ser muy diferente al Niño Costero de 2017.
Más allá de las diferencias técnicas, los tres especialistas coinciden en que el problema ya no es únicamente el clima, sino la capacidad institucional para responder.
Norma Ordinola sostiene que comparar el escenario actual con el Niño Costero de 2017 puede generar una falsa sensación de seguridad. «El fenómeno del Niño Costero más cercano fue el del año 2017. Las lluvias se concentraron entre febrero y marzo, fue todo y pasó rápido. Esto no es así. Esto es un megaevento y tenemos que prepararnos para ello», afirmó.
La investigadora explicó que la principal diferencia radica en la escala del fenómeno. Mientras el Niño Costero responde al calentamiento del mar frente al litoral peruano, el denominado «Niño global» involucra al océano Pacífico en su conjunto.
Según indicó, actualmente la temperatura superficial del mar presenta anomalías cercanas a cinco grados por encima de lo normal, condición que se mantiene desde hace varios meses.
«Tú nada más tienes que extrapolar cinco grados en verano, cuando el mar normalmente está entre 26 y 27 grados. Estamos sobre los 32 grados. Y eso para nosotros son tormentas; ya no son lluvias», advirtió.
Una ciudad más vulnerable que hace nueve años
Luis Miguel Morán conoce de cerca la evolución urbana de Piura. Vivió tanto el Fenómeno El Niño de 1997-1998 como el Niño Costero de 2017 y considera que la ciudad enfrenta hoy una condición más delicada que hace ocho años.
A su juicio, el principal problema es que el crecimiento urbano continuó desarrollándose sin planificación y sobre zonas vulnerables, incrementando la exposición frente a futuras inundaciones.
«Piura sigue creciendo y, por tanto, se abre más vulnerabilidad porque crece lamentablemente en forma desorganizada, sin una planificación adecuada», afirmó. Añadió que este crecimiento desordenado obligará a realizar inversiones cada vez mayores para proteger a una ciudad que continúa expandiéndose sobre áreas expuestas al riesgo.
El especialista lamentó que las decisiones públicas sigan abordando los proyectos de manera aislada y no desde una visión integral de la cuenca. «El proyecto se ve como una cosa muy particular cuando tiene que verse en forma global», señaló.
Ya no hay tiempo para grandes obras
Frente al corto plazo disponible antes del próximo verano, Morán considera que insistir en iniciar nuevos proyectos constituye un error.
Explicó que los esfuerzos deberían concentrarse en mantener operativos los drenajes, garantizar el funcionamiento del sistema de motobombas y corregir las deficiencias detectadas en los Sistemas Alternativos de Recolección y Evacuación de Aguas Pluviales (SARE), infraestructura construida antes del verano de 2023 que, pese a no haber sido exigida por un evento extremo, ya mostró problemas durante precipitaciones menores.
«Lo que nos queda son los drenajes. Junto con los drenajes, las motobombas», sostuvo. Recordó que Piura es una ciudad plana y que gran parte del agua acumulada solo puede evacuarse mediante bombeo hacia los drenajes para luego discurrir por gravedad.
También pidió revisar el estado de los SARE y ejecutar las correcciones necesarias antes del inicio de las lluvias.
«Se tendría que hacer una inversión para tener operativos los que han funcionado y poner operativos aquellos que no han funcionado», señaló.
Su posición también alcanza a las obras públicas que actualmente se encuentran en proceso de licitación o recién comienzan su ejecución.
«Hay obras que recién se están empezando ahora. No deben comenzarse», afirmó. En su opinión, si técnicamente se conoce que un proyecto no podrá concluir antes de la temporada de lluvias, resulta preferible suspenderlo temporalmente antes que dejar infraestructura inconclusa que pueda convertirse en un riesgo adicional para la población.
Otro de los aspectos que preocupa a los especialistas es la capacidad del Estado para anticipar la magnitud de una posible emergencia.
Morán considera indispensable contar con un sistema de alerta temprana plenamente operativo que permita conocer con varias horas de anticipación cuándo llegará el mayor caudal hacia la ciudad.
«Si pasa de noche, ahí es el caos», advirtió al explicar que un sistema de alerta permitiría activar evacuaciones preventivas antes de que el agua alcance las zonas pobladas.
Norma Ordinola también cuestionó que una infraestructura tecnológica de alto costo no esté ofreciendo información útil para la toma de decisiones.
«Tenemos radares en Piura. Si esos radares no te dan una alerta temprana, no sirven», señaló. Para la especialista, la utilidad de un radar no radica únicamente en monitorear la lluvia en tiempo real, sino en traducir esa información en avisos oportunos que permitan proteger a la población antes de que ocurran las inundaciones.
Más allá de las responsabilidades del Estado, Ordinola considera que la preparación debe comenzar en las propias comunidades.
«No tenemos que esperar que la ayuda venga de afuera. Nosotros mismos tenemos que tratar de protegernos», sostuvo.
Entre las acciones que propone figura fortalecer la organización vecinal, identificar las zonas donde se acumula el agua, construir pequeños canales urbanos que faciliten el drenaje y planificar rutas de evacuación dentro de cada comunidad. También recomendó que las familias comiencen desde ahora a almacenar alimentos no perecibles y destinen parte de su economía a reducir la vulnerabilidad de sus viviendas.
Asimismo, planteó la creación de un bono de movilidad para facilitar el traslado preventivo de las familias que viven en las zonas de mayor riesgo antes de que ocurra una inundación, permitiéndoles salvar sus bienes antes de una eventual evacuación.
Una autoridad para toda la cuenca
Mientras las acciones inmediatas apuntan a reducir los riesgos del próximo verano, Morán considera que Piura necesita una transformación institucional para evitar repetir la misma discusión después de cada Fenómeno El Niño.
Su propuesta consiste en crear una autoridad autónoma que administre integralmente toda la cuenca del río Piura y concentre la planificación de las intervenciones.
«La cuenca es una sola y, por tanto, una sola cabeza debería dirigir todo eso», sostuvo. Según explicó, mantener proyectos independientes entre distintas entidades impide construir una estrategia común frente a un problema que afecta a toda la región desde hace varias décadas.
La otra emergencia: el cambio de autoridades
A este escenario climático se suma otro elemento que, para Morán, incrementa aún más la incertidumbre: el cambio de autoridades regionales y municipales previsto para enero de 2027, cuando el periodo de lluvias podría encontrarse en pleno desarrollo.
«Y más aún en Piura, peor porque la situación es la tormenta perfecta. Cambio de gobierno y emergencia del más alto nivel con este Niño de gran impacto», afirmó.
El especialista sostuvo que las actuales autoridades mantienen plena responsabilidad hasta el último día de su gestión y pidió que trabajen de manera articulada con quienes resulten elegidos en las próximas elecciones.
«No puede ser que yo no hago nada porque ya me voy y el que viene diga que recién entró. Tiene que ser un trabajo desde ahora entre ambos», manifestó.
También dirigió un mensaje a los futuros candidatos, señalando que deberán conformar equipos técnicos capaces de responder a un escenario complejo desde el primer día de gestión.
«El candidato no tiene por qué saber de todo. Lo que sí tiene que saber es rodearse de gente que sepa», concluyó.
A menos de tres meses del inicio del periodo de mayor riesgo, los especialistas coinciden en que Piura ya no dispone de tiempo para nuevos diagnósticos. Lo que ocurra durante las próximas semanas dependerá de la capacidad de acelerar las acciones pendientes, fortalecer la organización comunitaria y garantizar que las decisiones técnicas prevalezcan sobre la improvisación. Porque, como recuerdan quienes han estudiado durante décadas el comportamiento del Fenómeno El Niño, el próximo verano no pondrá a prueba únicamente la resistencia de la infraestructura, sino también la capacidad de la región para aprender de su propia historia.