Norte Sostenible

El Niño golpea el agro de Piura: calor reduce floración y amenaza alimentos, precios y exportaciones

El Fenómeno de El Niño ya comienza a dejar efectos sobre la agricultura de Piura, incluso antes de que se registren las lluvias que podrían intensificar el riesgo para el sector. Las elevadas temperaturas están alterando los procesos fisiológicos de diversos cultivos y amenazan con reducir la producción de productos claves para la economía regional, como el mango y el limón.

La doctora Ninell Dediós Mimbela, especialista en agrometeorología de la Dirección Zonal 1 del Senamhi Piura, explicó que actualmente se registran anomalías térmicas de entre 4 y 5 grados en algunas zonas, condiciones que están acelerando el desarrollo de las plantas y afectando etapas determinantes como la floración y el cuajado.

“Cada cultivo responde de una manera diferente de acuerdo a las condiciones meteorológicas actuales. En el caso de Piura, esta enfrenta un escenario de riesgo agroclimático que podría intensificarse si las altas temperaturas coinciden posteriormente con precipitaciones’’, explicó.

El problema trasciende al campo. Una menor producción puede traducirse en menor disponibilidad de alimentos, incremento de precios, pérdidas para los agricultores y una reducción del movimiento económico generado por las actividades agrícolas y de exportación.

Limón y mango: menos floración, menos fruta y precios al alza

Uno de los cultivos que ya muestra señales preocupantes es el limón, producto indispensable en la alimentación cotidiana de los piuranos y de amplio consumo en el país. De acuerdo con la especialista, actualmente el cultivo registra aproximadamente 30% de floración, debido a las elevadas temperaturas. En condiciones normales, este comportamiento no debería presentarse.

“Poca floración, poco fruto. Es decir, una menor cantidad de flores terminará reflejándose en una menor producción durante el verano. Y cuando la oferta disminuye, el mercado responde con un incremento de precios.”, resumió Dediós Mimbela.

El riesgo no se limita a la temperatura. Si posteriormente llegan lluvias intensas, el cultivo podría enfrentar un segundo golpe. La especialista recordó que precipitaciones extremas acumuladas —con registros históricos de hasta 500 milímetros en uno o dos días— pueden provocar anoxia radicular, es decir, la falta de oxígeno en las raíces por la saturación del suelo.

“El impacto no solamente es térmico, sino posiblemente también hídrico”, advirtió.

El resultado sería un escenario de doble presión: primero, el calor reduce la floración; después, el exceso de agua puede comprometer las raíces y la supervivencia de las plantas.

El mango concentra otro de los mayores riesgos. Piura cuenta con aproximadamente 33,000 hectáreas de este cultivo y la variedad Kent tiene especial importancia por su orientación hacia los mercados de exportación.

La situación preocupa porque la campaña anterior ya había registrado una contracción de aproximadamente 20%. Ahora, las condiciones son todavía más desfavorables.

La especialista explicó que esta situación puede alterar las etapas de floración, cuajado y maduración, afectando las ventanas comerciales de exportación. En la exposición se planteó incluso un escenario de hasta 60% de contracción de la producción de mango destinada a los mercados internacionales, aunque sujeto a la evolución de las condiciones climáticas.

El riesgo aumenta si las lluvias coinciden con la cosecha.

“Una lluvia en plena cosecha definitivamente (…) estropearía el proceso de cosecha y exportación”, explicó Dediós Mimbela.

Arroz: el calor acelera el cultivo y lo vuelve más vulnerable

El arroz, uno de los principales alimentos de consumo interno y un cultivo ya golpeado por los bajos precios y los altos costos de producción, también enfrenta los efectos de El Niño.

En el valle de San Lorenzo, las condiciones térmicas actuales están acelerando el proceso fenológico del cultivo. La planta crece con mayor rapidez, pero ese desarrollo acelerado puede generar órganos más débiles y facilitar el ingreso de plagas.

“Hace que la planta crezca más rápido y, al crecer más rápido, algunos órganos están débiles y eso permite que las plagas lleguen a la planta”, explicó la especialista.

A ello se suma el riesgo de lluvias durante la cosecha. Si las precipitaciones se presentan en diciembre cuando el arroz se encuentre en maduración, incluso cantidades pequeñas podrían elevar el riesgo agroclimático y afectar la calidad del grano y el rendimiento.

Por ello, Dediós Mimbela llamó la atención sobre la necesidad de revisar la calendarización de las siembras, debido a que el nivel de riesgo está directamente relacionado con las fechas en que se instala el cultivo.

Banano, uva y algodón también sienten el impacto

El escenario alcanza a otros productos importantes. En el banano, existe preocupación por el riesgo de Fusarium, enfermedad cuya problemática podría agravarse con la presencia de lluvias. La uva, por su parte, ya presenta afectaciones en el calibre y en el número de racimos, mientras que también existen riesgos para cultivos como el arándano y el palto.

El algodón representa otro ejemplo de cómo los eventos climáticos pueden golpear cultivos que ya han perdido gran parte de su superficie histórica.

‘’Piura llegó a tener unas 60,000 hectáreas de algodón en décadas pasadas. Actualmente, la superficie se ha reducido a alrededor de 1,800 hectáreas. En el fenómeno de El Niño de 1997-1998, la producción de algodón llegó a caer 97%, esto podría replicarse en el fenómeno actual’’, describió Dediós.

Hoy, las anomalías térmicas de hasta 4 y 5 °C y temperaturas que han alcanzado picos de 36°C afectan el desarrollo del cultivo. Y una eventual lluvia durante diciembre, aunque sea una llovizna, puede perjudicar la calidad de la fibra.

El impacto llega a la economía regional

La agricultura no puede analizarse de manera aislada. Piura tiene aproximadamente 60 especies de cultivos y 11 microclimas, y buena parte de estas actividades forma parte de la estructura económica regional.

Por ello, un golpe al agro puede trasladarse hacia otros sectores: transporte, comercio, servicios, exportaciones y empleo. La especialista recordó que los efectos de El Niño también alcanzan a la ganadería, pesca, salud e infraestructura.

Los antecedentes muestran la dimensión del problema. Durante eventos extraordinarios anteriores se registraron impactos significativos sobre el PBI; Ninell Dediós recordó una afectación de alrededor de 11% durante el evento de 1982, mientras que el fenómeno Yaku produjo una contracción de 2,9% del PBI.

Pero el escenario actual tiene una particularidad, puesto que Piura no es la misma región de 1983 o 1998. Tiene más población, una frontera agrícola ampliada y una mayor presencia de agricultura de exportación. Esto significa que una emergencia climática puede comprometer simultáneamente el abastecimiento de alimentos y las actividades que generan ingresos para la región.

Frente a este panorama, el pequeño productor es el más vulnerable, debido a que dispone de menos recursos para enfrentar las alteraciones climáticas.

En el caso del mango, la especialista explicó que algunos campos recurren a tecnologías e inducciones florales para mejorar la respuesta del cultivo ante las altas temperaturas. Sin embargo, estas alternativas no están al alcance de todos los agricultores por sus costos.

“El pequeño productor siempre es el más vulnerable en estas condiciones”, sostuvo.

Incluso cuando un agricultor consigue proteger su producción, existe otro riesgo: la infraestructura.

La especialista explicó que el impacto de El Niño no se limita a la parcela. Si las vías de transporte y los drenes no se encuentran en condiciones adecuadas, el producto puede quedar impedido de llegar a su destino final.

“Todos esos elementos colaterales incluyen realmente el producto, sacar el fruto a su destino final”, sostuvo.

Ante este escenario, el monitoreo climático y fenológico adquiere un papel central. El Senamhi mantiene una red de seguimiento de los cultivos mediante estaciones meteorológicas, observación directa y herramientas tecnológicas como drones e imágenes multiespectrales. El objetivo es identificar oportunamente cambios en el desarrollo de las plantas, posibles plagas y enfermedades y niveles de riesgo.

La especialista insistió en que esta información debe servir para tomar decisiones oportunas y evitar pérdidas. Esto implica prestar atención a los pronósticos, ajustar las fechas de siembra cuando corresponda y mantener vigilancia sobre las etapas críticas de cada cultivo.

Las anomalías térmicas de hasta 5 °C ya afectan cultivos como limón, mango y arroz. Especialista del Senamhi advierte que las lluvias durante la cosecha podrían agravar las pérdidas y golpear la economía regional. El pequeño productor es el más vulnerable.

28 agosto, 2026