Por: Analí Valencia
Un nuevo colapso del sistema de alcantarillado volvió a golpear a la urbanización El Chilcal, en Piura, dejando calles inundadas de aguas servidas, malos olores persistentes y cerca de 600 vecinos indignados. Lo ocurrido no es un hecho aislado ni reciente. Según los propios moradores, se trata de un problema estructural que arrastra meses, incluso años, sin una solución definitiva, mientras las entidades responsables se deslindan culpas y no articulan acciones concretas.
El último afloramiento de desagües se registró el día de ayer, a horas de la mañana, y afectó varias vías, entre ellas el jirón Villar con Los Andes y tramos cercanos a la avenida Grau y Vallejo, perjudicando tanto a los vecinos como al tránsito y a los trabajos de una obra de saneamiento que ya presenta retrasos por una mala planificación del Gobierno Regional al ejecutar dos obras en simultáneo.
«Esto no es de ahora, es de siempre»
Marjorie Briceño, moradora de El Chilcal, señaló que el colapso no puede atribuirse únicamente a la empresa contratista que actualmente ejecuta trabajos en la zona.
“El tema del colapso de desagüe ya no es de ahorita, sino es de siempre. Mucho antes de que esta empresa viniera a hacer los trabajos, los desagües ya se estaban colapsando. En diciembre, en Navidad, hemos estado con desagües”, afirmó.
Si bien reconoce que la intervención de la empresa “reventó el chupo” de una red ya colapsada, Briceño es clara al señalar que EPS Grau no puede lavarse las manos.
“No es solamente la empresa. EPS Grau también tiene que asumir sí o sí el tema de solucionar los desagües. No solo es aquí, también frente a los edificios, donde hay conexiones que ellos saben que existen y nunca corrigieron”.

La vecina cuestionó además la falta de respuesta de los responsables frente a las constantes alertas de los moradores.
“Todo el mundo tiene títulos: que la emergencia, que el hidroyet, pero cuando uno les escribe pidiendo apoyo, nadie responde. Ni por profesionalismo ni por humanidad”, reclamó.
EPS Grau, por su lado, emitió un comunicado a través de las redes sociales deslindando responsabilidades y atribuyendo el problema únicamente a la Constructora MINCONSER S.A.C. Sin embargo, para los vecinos esta postura resulta insostenible, ya que el sistema de alcantarillado presenta sobrecarga desde hace tiempo.
La exigencia principal es clara: la limpieza inmediata de la Cámara San José y una intervención integral del sistema. Aunque se anunció la llegada de dos motobombas como medida de contingencia, los moradores temen que se trate solo de un paliativo temporal.
“Siempre prometen, pero ya estamos cansados de las promesas”, expresó Briceño.
Una falla estructural que ya es conocida
César Quevedo, otro vecino del sector, fue más técnico y directo al explicar el origen del problema.
“Nuestro sistema de evacuación de aguas residuales no sale por la avenida Grau, sale por La Arena. Ahí se juntan las descargas que vienen de Santa Ana, Bancarios y ahora también de los edificios Besco. Eso genera una sobrecarga”.
Según Quevedo, existen tres colectores en la zona, pero uno de ellos, construido para uso exclusivo de los edificios Besco, nunca fue utilizado como correspondía.
“Besco prefirió conectarse a la red de El Chilcal y Bancarios. La solución es simple: que Besco use su buzón y tenga una línea independiente. Pero EPS Grau no exige, Vivienda no exige y la municipalidad tampoco. Así, este problema va a ser de toda la vida”.
Responsabilidades compartidas
En la zona se han hecho presentes representantes del Gobierno Regional y del Ministerio de Vivienda, quienes aseguraron contar con planes de contingencia, incluso ante un eventual fenómeno climático. No obstante, los vecinos exigen hechos concretos y no más anuncios.
El colapso de El Chilcal vuelve a evidenciar un problema recurrente en Piura: obras mal planificadas, redes obsoletas, falta de fiscalización y entidades que actúan de manera aislada. Mientras no exista una intervención integral y coordinada entre EPS Grau, el Ministerio de Vivienda, el Gobierno Regional, la municipalidad y las empresas involucradas, los vecinos seguirán conviviendo con aguas servidas, riesgos sanitarios y una indignación que ya desbordó, igual que los desagües.