En el centro poblado Lágrimas de Curumuy, a solo 20 kilómetros de la ciudad de Piura, el acceso al agua potable sigue siendo una promesa incumplida. Más de 8 mil habitantes sobreviven consumiendo agua contaminada proveniente del canal Daniel Escobar , proveniente de la represa de Poechos. Sin embargo, el agua ingresa directamente desde el canal hacia los pozos o cisternas de la comunidad y de las instituciones educativas sin ningún tipo de filtro ni tratamiento de potabilización.
Esta situación ha desencadenado una grave crisis sanitaria y evidencia profundas brechas en infraestructura básica.
“Nosotros nos abastecemos del agua del canal, sin filtro, sin nada”, afirma Mercedes Chandubí Robles, directora de la institución educativa inicial N.° 438. En su plantel, donde estudian 38 niños de entre 3 y 5 años, el agua turbia es utilizada para higiene y limpieza, mientras que el consumo humano depende de bidones comprados por los padres.
El problema se agrava durante la temporada de lluvias. “Abríamos los caños y salía agua barro. Ahora está más clara, pero sigue contaminada”, añade la directora, quien advierte un incremento en las inasistencias escolares por enfermedades gastrointestinales.
Enfermedades que se repiten
Desde el centro de salud local, el médico Roger Reto Dioses confirma el impacto sanitario el impacto sanitario: “Se han reportado aproximadamente 40 casos de infecciones diarreicas agudas en niños y 15 en adultos específicamente gastroenteritis aguda desde enero hasta marzo”. Los pacientes llegan con cuadros de deshidratación, fiebre y deposiciones frecuentes, síntomas asociados al consumo de agua no potabilizada.
El puesto de salud atiende a una población estimada de entre 8,000 y 10,000 habitantes, distribuidos en 10 sectores, entre ellos el centro poblado Lágrimas de Curumuy y caseríos como La Palma, El Molino, Santa Sara, La Merced y Santa Fe. Según el Dr. Reto, los casos de infecciones se presentan en todos estos sectores; sin embargo, existen marcadas desigualdades en el acceso al agua. Mientras caseríos como San Juan cuentan con un pozo propio, zonas como Lágrimas de Curumuy carecen de esta infraestructura básica, lo que agrava la crisis sanitaria y favorece la aparición de enfermedades como gastroenteritis e infecciones diarreicas en la población atendida.
“El agua que llega a los hogares no se puede consumir ni siquiera hirviéndola porque viene con arena y residuos”, advirtió el especialista. Incluso el propio establecimiento de salud se ve obligado a comprar agua: compran seis bidones diarios, a un costo aproximado de 8 soles cada uno.
Para las familias, el acceso al agua segura implica un gasto constante. “Tenemos que echarle cloro y esperar tres o cuatro días para que aclare”, relata una madre de familia. Otra vecina, de 72 años, señala: “Mi nietecito casi se muere por la diarrea, y nosotros tenemos que consumir esta agua porque no hay otra”.
En promedio, cada hogar gasta cerca de S/30 soles a la semana para adquirir bidones que les permitan beber y cocinar, lo que representa una carga económica significativa en una zona rural con limitados recursos.

Escuelas en riesgo
La crisis no solo afecta la salud. En la institución educativa primaria N.° 20147, con cerca de 90 estudiantes, el deterioro de la infraestructura pone en peligro a los alumnos. “Se ha caído el techo y ha habido cuatro alumnos accidentados”, advierte el docente Edgar María.
El plantel presenta aulas rajadas, techos antiguos y mobiliario obsoleto. A esto se suma la falta de agua potable, que impide incluso la preparación de alimentos del programa escolar que ofrece el Estado. “Tenemos los productos almacenados, pero no los podemos usar por la calidad del agua”, explica el director José Luis Ramírez.
A pesar de su cercanía con la Planta de Tratamiento de Curumuy, la comunidad no ha sido integrada al megaproyecto de agua y alcantarillado para 105 asentamientos humanos en Piura, Castilla y Veintiséis de Octubre, a cargo del Ministerio de Vivienda, ni en su posterior ampliación que incorporó 11 sectores adicionales. “Estamos a escasos metros de la planta y no tenemos agua potable”, reclaman los pobladores.
El dirigente comunal Feliciano Vílchez denuncia una exclusión sistemática: “No estamos dentro de los proyectos. Nos dicen que no hay suficiente agua, pero el recurso pasa por nuestras narices”. Según indica, alrededor de 700 a 900 familias, cerca de 10 mil personas considerando sectores aledaños, siguen sin acceso al servicio.
Además, la EPS GRAU Piura ha deslindado responsabilidad. “Se pronunció diciendo que no les compete esta problemática, que no pertenecemos a su jurisdicción. Es un pena’’, sostuvo Vilchez.
Lágrimas de Curumuy enfrenta una paradoja crítica: vivir rodeada de infraestructura hídrica, pero sin acceso a agua segura. La combinación de negligencia institucional, exclusión de proyectos y precariedad económica ha convertido el acceso al agua en una lucha diaria. La urgencia de intervención estatal no solo responde a una demanda social, sino a una crisis de salud pública en curso.