La pesca en Piura atraviesa un escenario de recuperación frágil. Aunque en 2025 el sector creció 23.7%, el avance responde principalmente a un efecto rebote tras la fuerte caída del año anterior y no a una expansión sostenida de la actividad. Hoy, la región enfrenta tres amenazas simultáneas: la vulnerabilidad de la infraestructura portuaria frente al Fenómeno El Niño, el avance de la pesca ilegal y el incremento de los costos operativos impulsados por el alza internacional del petróleo.
Según el Instituto Peruano de Economía (IPE), la pesca representa cerca del 2% de la economía regional y genera más de 23 mil puestos de trabajo, la fuerza laboral pesquera más grande del país.
Infraestructura vulnerable frente al clima
Para los especialistas, la principal tarea pendiente sigue siendo fortalecer la infraestructura pesquera, especialmente los puertos y sistemas logísticos de desembarque y almacenamiento.
“El mensaje es que el Fenómeno El Niño y La Niña ocurren cada cierto tiempo. No es una sorpresa que van a venir. Más que medidas reactivas, se tiene que invertir en prevención”, sostuvo Gonzalo Manrique, economista senior del IPE.
El riesgo no es menor. Durante el Fenómeno El Niño Costero de 2023, el desembarque de anchoveta cayó 44.5% tras la suspensión de la primera temporada de pesca en la zona norte-centro.
En ese contexto, Manrique advirtió que la infraestructura portuaria no solo implica muelles, sino también capacidad de almacenamiento, congelamiento y conexiones logísticas eficientes.
“Se necesita dotar a los pescadores de equipamiento adecuado, barcos y botes, para que puedan realizar adecuadamente la actividad pesquera. Ambos tienen que ir de la mano para asegurar un crecimiento sostenido”, afirmó.
El economista agregó que una infraestructura moderna permitiría operaciones más rápidas y eficientes, desde el desembarque hasta el almacenamiento y transporte del recurso.
“Lo que te da una infraestructura portuaria es la facilidad de embarcar y desembarcar de manera mucho más eficiente. Que el pescado pueda llegar rápidamente a almacenes con capacidad de congelamiento y conectarse con terminales de transporte hacia los mercados”, explicó.
La pesca ilegal
La sostenibilidad del sector es otro de los grandes desafíos para 2026. En un año marcado por cuotas reducidas de anchoveta, expertos consideran indispensable reforzar la fiscalización para evitar la depredación del recurso.
La primera temporada de anchoveta de 2026 fue fijada en 1.9 millones de toneladas, la cuota más baja de la última década, excluyendo el 2023, cuando la pesca fue suspendida completamente en la zona norte-centro.
“La pesca ilegal afecta reduciendo la anchoveta disponible para pescar. Además, no cumple con las metas de extracción impuestas anualmente”, explicó Manrique.
El economista advirtió que este problema se agrava durante episodios de calentamiento del mar asociados a El Niño. “Estamos enfrentando un alza de temperaturas cercanas a la costa. La pesca ilegal no se adecúa a estas limitaciones y puede afectar la capacidad de los pescadores formales para capturar pescado”, señaló.
Considerando que gran parte de la flota peruana corresponde a pesca artesanal y de pequeña escala, con embarcaciones limitadas para alejarse de la costa, la presión sobre los recursos marinos costeros se intensifica, especialmente en escenarios de menor disponibilidad de especies.
La preocupación no solo alcanza a la anchoveta. El control también resulta clave para proteger recursos de alto valor comercial como la pota, cuyo desembarque alcanzó más de 480 mil toneladas en 2025, más de tres veces el volumen registrado en 2024.
Gracias a ese desempeño, Piura se mantuvo como el principal productor nacional de pota, concentrando cerca del 70% de la producción del país.
El golpe del petróleo
A la incertidumbre climática se suma otro problema: el incremento sostenido del precio internacional del petróleo. En lo que va del 2026, el petróleo Brent promedió US$87.4 por barril, 17.2% más que en el mismo periodo del año anterior.
El impacto es directo. Según el Ministerio de la Producción, el combustible representa alrededor del 60% de los costos de la actividad pesquera.
“La guerra entre Estados Unidos e Irán ha agravado nuevamente el escenario internacional. Perú es un país importador neto de combustibles y no hay mucho que pueda hacer frente al precio internacional”, explicó Manrique.
Aunque mejorar la infraestructura no reducirá el precio del petróleo, sí puede ayudar a disminuir otros costos operativos. Operaciones más rápidas en puertos, menor tiempo de espera y mejores sistemas de almacenamiento permitirían reducir pérdidas y ganar eficiencia.
“Esto es necesario para darle una mayor profesionalización al sector, tanto a pequeños como a medianos y grandes pescadores”, agregó el economista.
El riesgo social también preocupa. Más de 23 mil familias dependen directamente de la actividad pesquera en Piura. Para el IPE, si los costos continúan elevándose y no se mejora la eficiencia del sector, muchas podrían ver afectada su capacidad de consumo e incluso caer temporalmente en la pobreza.
‘’En una región históricamente expuesta a fenómenos climáticos extremos, la pesca piurana no necesita solo reaccionar a las crisis, sino prepararse para ellas’’, concluyó el especialista.