El avance del hongo Fusarium Raza 4 Tropical (Foc R4T) está generando una de las mayores crisis fitosanitarias que ha enfrentado el banano orgánico peruano en las últimas décadas. A cinco años de detectado el hongo, el sector enfrenta un escenario cada vez más complejo debido al avance de la enfermedad y a la amenaza de un nuevo episodio del Niño Costero, que ya viene generando altas temperaturas y podría alcanzar su mayor intensidad a partir de noviembre con lluvias de fuerte magnitud.
La preocupación es mayor en el Valle del Chira, donde se concentra más del 90% de la producción nacional de banano orgánico. Allí, el Fusarium ha encontrado condiciones favorables para expandirse a través del agua de riego por inundación, principal mecanismo de dispersión del hongo.
«Desde que se detectó el Fusarium en el año 2021, más del 40% de la producción nacional de banano orgánico ha quedado en alerta roja. Muchas hectáreas ya se han perdido y el problema continúa avanzando», advirtió a Norte Sostenible el ingeniero Karlhos Quinde Rodríguez, gerente de proyectos de Cedepas Norte.
Un sector que pierde terreno
Durante sus mejores años, el valle bananero de Piura llegó a contar con cerca de 10.000 hectáreas cultivadas. Hoy, más de 2.000 hectáreas han colapsado completamente debido a la presencia del hongo.
‘’La afectación alcanza además a unos 8.000 productores que siguen batallando contra el Fusarium, pero que enfrentan pérdidas crecientes y mayores costos para intentar contenerla’’, señaló Quinde.
El impacto social es aún más amplio. Más de 10000 familias dependen directa o indirectamente de esta cadena productiva, que durante décadas fue uno de los principales motores económicos de la región.
El deterioro también se observa en las organizaciones productivas. Hace una década existían alrededor de 70 asociaciones de productores; hoy apenas sobreviven unas 20.
El caso más dramático es el de la Asociación Valle del Chira, que llegó a convertirse en una de las principales exportadoras del país.
«Tenían 500 productores asociados y exportaban a los mejores mercados del mundo. Hoy más de 450 socios lo han perdido absolutamente todo», relata Quinde.
La organización pasó de exportar 12 contenedores semanales a apenas uno. El impacto económico se trasladó también al empleo rural.
Más de 160 trabajadores que participaban en las labores de cosecha, traslado, lavado y empaque del banano perdieron sus puestos de trabajo. A ello se suma la afectación a empresas proveedoras de cartón, plástico, fertilizantes, transporte y servicios logísticos que dependen de la cadena exportadora.
¿Por qué el Fusarium se expande tan rápido?
A diferencia de otras enfermedades agrícolas, el Fusarium presenta una característica que dificulta enormemente su control: puede permanecer activo en el suelo por más de 50 años. Sin embargo, su rápida expansión en Piura responde a una combinación de factores productivos, ambientales y de manejo.
El principal problema es el sistema de riego predominante en el Valle del Chira. La mayoría de productores utiliza riego por gravedad o inundación, lo que convierte al agua en el principal vehículo de dispersión del hongo.
“El Fusarium es un hongo rastrero que se mueve a través del suelo. Cuando una parcela está contaminada, el agua de riego arrastra las esporas hacia los terrenos vecinos y prácticamente no hay forma de detenerlo”, explica Quinde.
A ello se suma la vulnerabilidad de la variedad cultivada en la región. El Cavendish Valery, principal variedad de exportación, es altamente susceptible al ataque del Fusarium.
Las deficiencias en bioseguridad también juegan un papel determinante. El tránsito constante de personas, animales y vehículos entre parcelas facilita el traslado del hongo de un predio a otro.
“Lo peligroso no es solamente que el hongo esté presente, sino que aumente su concentración. Mientras más personas, animales o vehículos ingresen sin medidas de desinfección, más rápido avanza la enfermedad”, advirtió el especialista.
Otro factor que agrava la situación es la reacción de algunos agricultores ante los primeros síntomas. Muchos optan por aplicar productos químicos en un intento desesperado por controlar la enfermedad.
‘’Los químicos eliminan tanto los microorganismos dañinos como los beneficiosos, destruyendo el microbiota natural del suelo. Como consecuencia, las plantas pierden capacidad de defensa y el hongo encuentra condiciones ideales para expandirse’’, señaló.
Exportaciones en descenso
La expansión del Fusarium coincide con una caída sostenida de las exportaciones de banano orgánico peruano.
Según Quinde, el país llegó a superar los US$ 200 millones en exportaciones y a despachar más de 200 contenedores semanales durante el pico productivo alcanzado en 2017. Sin embargo, el valor exportado se redujo a aproximadamente US$ 130 millones el año pasado.
“El banano orgánico tuvo su pico de producción sacando más de 200 contenedores por semana. Desde entonces ha habido una caída libre y progresiva. Hoy estamos en alrededor de 130 millones de dólares y la tendencia sigue siendo descendente”, explicó.
Piura concentra actualmente cerca del 85% de las exportaciones nacionales de banano orgánico.
El riesgo de las lluvias que vienen
El escenario podría agravarse en los próximos meses. Según Quinde, el principal temor del sector está relacionado con las lluvias que podrían presentarse como consecuencia del Niño Costero. Las precipitaciones incrementan la humedad del suelo y facilitan la dispersión de las esporas del hongo a través de canales, drenes y parcelas vecinas.
La experiencia reciente preocupa a los productores. Tras los episodios lluviosos registrados en años anteriores, los niveles de infestación aumentaron significativamente en numerosas parcelas.
«Había productores que tenían 10 o 15 plantas afectadas por hectárea y después de las lluvias ya tenían 50, 100 o hasta 200 plantas con síntomas de Fusarium», precisó.
El especialista advierte que el incremento de las temperaturas asociado al Niño Costero también genera condiciones favorables para el desarrollo de la enfermedad.
«El hongo encuentra un hábitat ideal cuando existe mayor humedad. Si se presentan lluvias fuertes en los próximos meses, las consecuencias para el banano podrían ser muy graves», alertó.
Frente a la emergencia, el Gobierno Regional de Piura ha puesto en marcha un Proyecto de Inversión Pública (PIP) orientado al control del Fusarium. Paralelamente, instituciones como Senasa e INIA desarrollan acciones de capacitación, monitoreo e investigación para contener la enfermedad.
Sin embargo, especialistas y productores consideran que los esfuerzos aún son insuficientes frente a la velocidad con la que avanza el hongo.
‘’Los esfuerzos deben orientarse con mayor énfasis hacia inversiones directas en campo, especialmente en infraestructura de bioseguridad, recuperación de suelos y financiamiento para pequeños agricultores, caso contrario, el hongo continuará expandiéndose’’, sostuvo el especialista.
Desde Cedepas Norte se ejecutan actualmente proyectos financiados por la cooperación suiza y fondos de ProInnóvate para evaluar protocolos de bioseguridad, mejorar la calidad de los suelos e identificar nuevas variedades de banano resistentes o tolerantes al Fusarium.
Las investigaciones incluyen la instalación de parcelas experimentales en Salitral, Marcavelica y otras zonas productoras, donde se prueban seis nuevas variedades con resultados preliminares considerados alentadores.
No obstante, el desafío inmediato es evitar que las lluvias previstas para finales de año aceleren la propagación de una enfermedad que ya ha puesto en jaque a uno de los principales productos agrícolas de exportación del norte peruano.