La posible llegada del Papa León XIV a Piura ha despertado entusiasmo entre miles de fieles y representantes del sector turístico. Sin embargo, detrás de la expectativa por recibir al primer pontífice con nacionalidad peruana, surge una preocupación creciente: la región enfrenta serias deficiencias de infraestructura en un momento en que también se advierte la posible ocurrencia de un fenómeno El Niño de fuerte intensidad.
Han pasado 41 años desde que un papa visitó suelo piurano. La última vez fue en febrero de 1985, cuando Juan Pablo II llegó al norte peruano apenas dos años después de que la región sufriera los devastadores efectos del fenómeno El Niño de 1983, considerado uno de los más destructivos del siglo XX.
Hoy, la historia parece plantear un escenario similar. Mientras organismos meteorológicos nacionales e internacionales mantienen bajo observación las condiciones oceánicas frente a la costa peruana, Piura se encuentra inmersa en una serie de obras retrasadas y espacios públicos deteriorados que podrían complicar la organización de un evento de alcance internacional.
“Estamos en una situación como ciudad que no es apropiada para recibir a nadie, puesto que las obras que se están haciendo son muy lentas. Posiblemente se venga un Niño y la ciudad no tiene la posibilidad de resistir un evento de esta naturaleza”, advirtió César Leigh, presidente de la Asociación de Hoteles, Restaurantes y Afines.
El campo papal convertido en un basural
Uno de los principales cuestionamientos se centra en el estado del antiguo campo papal, ubicado en Castilla, donde Juan Pablo II celebró una multitudinaria misa en 1985.
Según Leigh, el lugar se encuentra actualmente abandonado y sin condiciones para albergar una actividad masiva.
“Ese espacio donde fue el campo papal hoy es un basurero. Está totalmente deshabilitado y no tiene capacidad para recibir nuevamente a miles de personas. En otros lugares donde estuvo un papa quedaron monumentos e infraestructura; aquí parece que todo quedó en el olvido”, señaló.
La situación resulta especialmente preocupante debido a que Piura carece actualmente de otros espacios de gran capacidad plenamente habilitados. El estadio Miguel Grau continúa paralizado, mientras que el campo ferial presenta problemas de mantenimiento y ocupación.
“No tenemos estadio, no tenemos un lugar de esa magnitud para recibir a la población que una personalidad como el Papa genera”, añadió.


Obras retrasadas y accesos restringidos
Las dificultades no se limitan a los espacios de concentración. Diversas vías estratégicas de la ciudad permanecen intervenidas por obras que acumulan retrasos de hasta un 80%.
El centro histórico de Piura continúa afectado por los trabajos del proyecto de drenaje pluvial y de renovación urbana, mientras avenidas clave para la circulación vehicular presentan restricciones.
La preocupación aumenta ante la posibilidad de que el Papa visite la Catedral de Piura o algunos de los principales templos de la región.
“Si el Papa quiere visitar la Catedral de Piura, será un dolor de cabeza. ¿Por dónde se va a movilizar la gente? No hay viabilidad ni infraestructura”, cuestionó Leigh.
El dirigente también alertó sobre el estado de varias iglesias históricas y sus entornos urbanos.
“La iglesia San Francisco tiene las pistas destrozadas alrededor. La Catedral tampoco tiene buenos accesos. Son lugares emblemáticos que deberían estar listos para recibir visitantes de todo el mundo”, indicó.
Desde el sector turismo estiman que una eventual visita papal podría movilizar una cantidad de personas comparable a la que recibe Piura durante las temporadas de verano.
Leigh recordó que, según cifras de la Dirección Regional de Comercio Exterior y Turismo (Dircetur), cerca de 500 mil personas se desplazan por la región durante los meses de mayor actividad turística.
“Imagínate que el Papa pueda mover una cantidad similar de personas. Vendrían visitantes de Ecuador, del sur del país y de muchas regiones. Es una oportunidad enorme, pero no hay dónde albergarlos ni espacios adecuados para concentrarlos”, sostuvo.
La preocupación alcanza también a los servicios básicos, la seguridad, el tránsito y la disponibilidad de baños públicos.
“Las iglesias que podrían recibir visitantes ni siquiera cuentan con servicios adecuados. Hay que pensar en agua, desagüe, iluminación, seguridad y accesibilidad”, agregó.
El Niño como amenaza adicional
El desafío se vuelve aún más complejo por la posibilidad de lluvias intensas asociadas a un evento El Niño durante los próximos meses.
Para Leigh, la coincidencia entre ambos acontecimientos podría exponer ante el mundo las vulnerabilidades estructurales de la región.
“Cuando llueve en Piura todo se inunda. No hay cunetas suficientes, no hay sistemas adecuados de evacuación y todo se convierte en un desastre. Ese problema lo vería la prensa internacional y millones de personas”, afirmó.
El dirigente sostuvo que todavía existe margen para ejecutar acciones preventivas, aunque advirtió que el tiempo juega en contra.
“Tenemos poco tiempo, pero todavía estamos a tiempo de preparar las cosas principales. Recuperar el campo papal, limpiar la ciudad y habilitar vías de acceso debería ser una prioridad”, señaló.
Más allá de los desafíos, el sector turístico considera que la eventual presencia del Papa León XIV representa una oportunidad histórica para posicionar a Piura como destino religioso y turístico.
“Los ojos del mundo van a estar puestos en Piura. Tenemos gastronomía, tenemos cultura, tenemos gente amable. Lo que nos falta es infraestructura y planificación”, sostuvo Leigh.
En ese contexto, hizo un llamado a las autoridades regionales, municipales y nacionales para acelerar obras, recuperar espacios públicos y fortalecer las medidas de prevención frente al fenómeno El Niño.
“Es una gran oportunidad para todos. Pero si no actuamos ahora, corremos el riesgo de que el mundo vea una ciudad desordenada, vulnerable y sin preparación para afrontar dos acontecimientos de enorme magnitud”, concluyó.
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