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Elecciones Perú 2026: reconstruir la confianza será el principal reto del próximo gobernante

Perú vive una de las definiciones electorales más ajustadas y polarizadas de su historia. Con el 97,9% de las actas contabilizadas, el candidato de izquierda Roberto Sánchez mantiene una ventaja mínima sobre Keiko Fujimori: apenas 9.693 votos separan a ambos aspirantes. Sin embargo, el desenlace parece inclinarse hacia la lideresa de Fuerza Popular, debido a que las actas pendientes corresponden principalmente al voto en el extranjero y a actas observadas procedentes de Lima Metropolitana, territorios donde la candidata derechista registra mayor respaldo.

La fotografía electoral refleja un país profundamente fragmentado. Mientras las grandes ciudades han mostrado una tendencia favorable a Fujimori, las zonas rurales y andinas han respaldado mayoritariamente a Sánchez. La disputa ya no parece ser únicamente entre dos candidatos, sino entre dos visiones distintas del Perú.

Para el estratega político y docente universitario Jeng-Cheng Nagasaki Hum, la elección confirma un fenómeno estructural que se ha venido consolidando en los últimos años: la creciente distancia entre el Perú urbano y el Perú rural.

«Estamos viendo que grandes ciudades y capitales están yéndose con Keiko, mientras que zonas más rurales y alejadas están yéndose con Roberto Sánchez. El voto extranjero, por primera vez, está siendo completamente decisivo para entender quién va a gobernar», señaló Nagasaki.

La importancia del voto de los peruanos residentes fuera del país resulta inédita. A diferencia de procesos anteriores, el estrecho margen convierte a los sufragios emitidos desde Europa, Estados Unidos y otros países en el factor que podría definir al próximo mandatario.

«El peruano esté en Cuba, Australia o Europa sigue siendo un compatriota más. Tiene un derecho democrático y está preocupado por su país», sostiene Nagasaki, quien rechaza la idea de cuestionar el peso político de los migrantes.

En paralelo, el voto rural volvió a demostrar su capacidad de inclinar la balanza electoral. Según el analista, este respaldo responde tanto a una demanda de cambio como a factores identitarios.

«Vivimos en una situación de Estado fallido donde el ejercicio democrático no llega a todos los rincones. Estas personas están desesperadas por un cambio», resaltó.

A diferencia de procesos anteriores —sostiene— el electorado rural ya no deposita su confianza en una izquierda tradicional limeña, sino en figuras que percibe más cercanas culturalmente, como fue Pedro Castillo en 2021, y como lo ha sido Roberto Sánchez en esta elección.  

Piura: el espejo de la polarización nacional

Si existe una región que resume la complejidad de esta segunda vuelta es Piura. Históricamente favorable al fujimorismo, la región volvió a respaldar a Keiko Fujimori, pero con una ventaja significativamente menor a la registrada hace cinco años frente a Pedro Castillo.

Al 98,9% de las actas contabilizadas, Fujimori obtiene en Piura el 56,97% de los votos (583.221) frente al 43,02% (440.425) alcanzado por Roberto Sánchez. Sin embargo, la ventaja fujimorista fue menor que en 2021, cuando Keiko logró 60,04% frente al 39,95% de Pedro Castillo.

Los resultados muestran una marcada división territorial. Fujimori ganó ampliamente en las provincias costeras y urbanas, como Sullana (68,9%), Piura (59,9%), Morropón (57,1%), Talara (54,8%) y Paita (54,2%). En contraste, Sánchez se impuso en las provincias andinas de Ayabaca (73,6%) y Huancabamba (70,5%), replicando la tendencia que favoreció a Pedro Castillo en 2021.

«Piura es un muy buen reflejo de cómo ha votado el Perú en general. Vemos las zonas rurales donde Roberto Sánchez ha ganado y vemos ciudades como Piura, Sullana o Paita donde Keiko Fujimori ha ganado con mayor amplitud», afirmó Nagasaki.

El comportamiento electoral piurano revela una fractura interna entre centros urbanos vinculados al comercio y los servicios, y provincias históricamente relegadas por el Estado.

Para el especialista, casos como Huancabamba evidencian una percepción de abandono institucional que alimenta el respaldo a propuestas de cambio.

«Son regiones que han sido abandonadas. El sector rural siente que el Estado le falla. Necesito cambio», afirmó el especialista.

‘’El próximo gobierno nacerá sin legitimidad’’

Más allá de quién resulte vencedor, la principal preocupación de los analistas es la legitimidad política del futuro gobierno, ya que ninguno de los candidatos representa una mayoría sólida del país.

«Gane quien gane habrá protestas. El poder nacerá sin legitimidad, nacerá roto, porque estamos con la mitad del país pendiente de un candidato y la otra mitad pendiente del otro», afirmó.

La segunda vuelta ha profundizado identidades políticas que parecen irreconciliables. Por un lado, un sector que identifica al fujimorismo como una amenaza para la democracia; por otro, grupos que consideran que las propuestas de Sánchez representan riesgos para la estabilidad económica e institucional.

Nagasaki advierte que esta lógica ha transformado la competencia electoral en una confrontación identitaria.

«Ya no debería ir de izquierda versus derecha. Debería entenderse que hay un proyecto común que se llama Perú. El próximo presidente tiene que entender que gobierna para el Perú, no para su 50%. Tendrá que conceder ciertas cosas y acercarse a quienes votaron por el otro candidato», sostuvo Nagasaki.

Si las tendencias se mantienen y el voto exterior termina inclinando la balanza hacia Keiko Fujimori, la candidata llegará a Palacio de Gobierno en su cuarto intento presidencial y con una victoria extremadamente estrecha. Si Roberto Sánchez logra conservar la ventaja, enfrentará igualmente una oposición intensa en las principales ciudades y en sectores empresariales.

En cualquiera de los dos escenarios, el próximo quinquenio se perfila complejo.

«Sea quien sea el ganador, va a existir mucha presión política. Cualquier cosa que haga será sometida a una fuerte crítica por parte de la mitad del país», explicó.

Con menos de diez mil votos de diferencia cuando el conteo bordea el 98%, la elección deja en claro que más que elegir a un presidente, los peruanos han expuesto las profundas fracturas de una nación que aún busca reconciliar sus múltiples identidades políticas, sociales y territoriales.

‘’El vencedor ocupará Palacio de Gobierno, pero la tarea más difícil comenzará después: reconstruir la confianza de un país que llega a esta segunda vuelta dividido prácticamente en mitades’’, concluyó Nagasaki.

Portada: Imagen compuesta por IA

Con una diferencia de apenas 9.693 votos entre Roberto Sánchez y Keiko Fujimori, el desenlace de la segunda vuelta dependerá de las actas del extranjero y del peso decisivo que tuvo el electorado rural. Analistas advierten que, más allá del resultado, el próximo gobierno enfrentará un escenario de alta polarización y una compleja crisis de legitimidad.

10 junio, 2026