Norte Sostenible

Humedal Santa Julia en Piura enfrenta el avance urbano mientras su espejo de agua cambia año a año

Durante los últimos doce años, el paisaje alrededor del Humedal Santa Julia ha experimentado una transformación drástica. Norte Sostenible revisó imágenes históricas de Google Earth correspondientes al periodo 2013-2025 y encontró un proceso progresivo de ocupación del territorio alrededor del ecosistema. En las primeras imágenes todavía predominan espacios abiertos y viviendas dispersas. En los registros más recientes, la presencia de construcciones y vías es mucho mayor y la ciudad aparece más próxima a las áreas húmedas.

La transformación no ocurrió de un año para otro. En las imágenes correspondientes a 2013, 2014, 2015 y 2016 todavía se observan extensiones importantes de terreno sin ocupar alrededor del humedal. La presencia de viviendas es menor y existe una mayor separación entre las zonas urbanizadas y las áreas donde se concentra el agua.

A partir de 2017 y 2018, la ocupación comienza a hacerse más evidente. Aparecen nuevas viviendas y vías en sectores que anteriormente permanecían libres. El cambio continúa durante los años siguientes y se vuelve más notorio entre 2019 y 2022, especialmente hacia el sur y suroeste del humedal, donde la trama urbana adquiere una mayor continuidad.

Las imágenes más recientes, correspondientes a 2023, 2024 y 2025, muestran un entorno considerablemente más consolidado que el registrado al inicio de la serie. Las áreas libres son menores y las construcciones se extienden alrededor de las zonas húmedas. En determinados sectores, la distancia entre las viviendas y los espacios donde se observa agua es cada vez más reducida.

Mientras la ciudad ha ido consolidando su presencia en el territorio, el espejo de agua ha cambiado de extensión de un año a otro. Los datos de MapBiomas Perú muestran que en 2013 la superficie clasificada como cuerpo de agua alcanzó 11,04 hectáreas. En 2016 llegó a 12,73 hectáreas, el mayor registro de la serie analizada. Luego descendió a 10,15 hectáreas en 2020 y a 8,73 hectáreas en 2021. En 2022 registró 9,17 hectáreas y en 2023 aumentó nuevamente hasta 9,79 hectáreas. Para 2024, el registro fue de 7,92 hectáreas.

La serie histórica deja claro que el espejo de agua no mantiene una superficie fija. Hay años en los que aumenta y otros en los que disminuye. Esta variación también puede observarse en las imágenes de Google Earth revisadas por Norte Sostenible. El tamaño del cuerpo de agua visible cambia según el periodo, por lo que una imagen tomada en un año seco no puede compararse directamente con otra correspondiente a un año con mayores precipitaciones sin considerar las condiciones climáticas.

El contraste es particularmente visible en 2017 y 2023. En las imágenes correspondientes a 2017, durante el Fenómeno El Niño Costero, el humedal presenta una mayor presencia de agua. Algo similar ocurre en 2023, año en que Piura fue afectada por el ciclón Yaku. En otros periodos, el espejo aparece considerablemente más reducido.

La diferencia entre las 11,04 hectáreas de cuerpo de agua registradas en 2013 y las 7,92 hectáreas de 2024 representa una reducción de 3,12 hectáreas en esa categoría de cobertura, pero no significa que el Humedal Santa Julia haya perdido 3,12 hectáreas de superficie. El cuerpo de agua es solo una parte del ecosistema y su extensión varía de acuerdo con las condiciones de cada año.

Esta dinámica adquiere especial relevancia ante el escenario climático previsto para fines de 2026 e inicios de 2027. Un nuevo periodo de lluvias intensas asociado al Fenómeno El Niño podría hacer que el humedal vuelva a recuperar una mayor superficie de agua, como ocurrió en anteriores años. El problema es que, en ese tiempo, la ciudad también ha crecido alrededor suyo.

La revisión de las imágenes realizada por Norte Sostenible muestra precisamente cómo las viviendas y las vías han ido ocupando y consolidando el entorno de Santa Julia durante los últimos doce años.

Para Fernando Neyra Palomino, especialista en planificación y gestión de riesgos, el problema parte de una deficiente planificación urbana que permitió la ocupación y posterior consolidación de viviendas en una zona que cumple naturalmente la función de almacenar agua.

El especialista explica que Santa Julia se encuentra en una depresión natural y que, durante lluvias intensas, el humedal incrementará su nivel de agua al recibir la escorrentía proveniente de calles, techos y otras superficies impermeabilizadas. El problema es que el crecimiento urbano ha reducido los espacios naturales de absorción y ha colocado viviendas demasiado cerca de estas zonas bajas.

“Cuando comience a llover, el humedal va a comenzar a encauzarse de agua y va a buscar su espacio natural”, advierte Neyra. En ese escenario, el colapso de los sistemas de drenaje y alcantarillado podría generar inundaciones con una combinación de aguas pluviales y aguas residuales, elevando también el riesgo sanitario para las familias.

El especialista considera que muchas de estas viviendas no debieron ser construidas en esa zona. Sin embargo, explica que las ocupaciones fueron consolidándose con el paso de los años y posteriormente recibieron servicios básicos, lo que terminó afianzando la permanencia de la población. Por ello, sostiene que se trata de un problema estructural de planificación urbana que no puede resolverse simplemente retirando a las familias.

Una solución definitiva requeriría implementar un sistema de drenaje y medidas de adaptación para manejar el agua. Sin embargo, Neyra advierte que una infraestructura de ese tipo no podría ejecutarse en pocos meses. Ante la posibilidad de lluvias intensas, plantea que la prioridad inmediata debe ser un plan de contingencia que identifique a las familias más expuestas, establezca rutas y espacios seguros de evacuación y prepare a la población para responder ante una eventual inundación.

“No hay tiempo para echarse la culpa si fue responsable o no fue responsable. No hay tiempo. Tienen que comenzar a trabajar ya”, advierte.

Entre las zonas señaladas como más críticas se encuentran los sectores próximos a la vía Kurt Beer, la Laguna Sur, Manuel Escorza, Nueva Esperanza y Los Polvorines, donde ya se han registrado problemas relacionados con el sistema de alcantarillado. El especialista también advierte que la presencia de basura puede agravar la emergencia y generar condiciones para la proliferación de vectores y problemas de salubridad.

El riesgo, además, no se limita a las viviendas ubicadas inmediatamente alrededor del humedal. Neyra señala que Santa Julia forma parte de un entorno urbano mucho más amplio con exposición a inundaciones y menciona que existen alrededor de 40,000 viviendas en condición de riesgo alto en distintas zonas de este sector, con una población aproximada de 150,000 personas.

A este escenario se suma la delimitación de la faja marginal. Según Neyra, esta tarea le corresponde a la Autoridad Nacional del Agua (ANA) y todavía se encuentra pendiente dentro de los trabajos vinculados al humedal. La delimitación permitiría establecer con mayor precisión el espacio sujeto a protección y evitar nuevas ocupaciones en áreas vulnerables.

El especialista también mencionó que existe una declaratoria de zona de riesgo no mitigable vinculada al humedal y su entorno, por lo que considera preocupante cualquier intento de suspender o modificar esta protección si ello pudiera facilitar nuevas ocupaciones.

‘’Antes que promover la consolidación urbana en estos sectores se requiere informar a la población sobre el nivel de riesgo y los costos que implicaría hacer habitable una zona naturalmente expuesta a la acumulación de agua’’, manifestó. 

Ecosistema bajo amenaza

Santa Julia comprende aproximadamente 84 hectáreas, mientras que el espejo de agua ocupa alrededor de 12 hectáreas. El humedal se encuentra en una depresión natural de la ciudad y acumula agua de manera periódica. Esta característica también explica su importancia dentro del territorio urbano, donde funciona como parte del sistema natural de acumulación de agua.

El ecosistema fue reconocido como frágil el 4 de marzo de 2019 e incorporado a la lista sectorial de ecosistemas frágiles a nivel nacional. Su valor está relacionado también con la biodiversidad que alberga. En Santa Julia se han identificado alrededor de 120 especies de aves, entre ellas especies endémicas, amenazadas y en peligro de extinción.

Para Diana Rojas, bióloga de la Gerencia Regional de Recursos Naturales, el humedal interviene en el ciclo hidrológico, contribuye a regular el agua y, junto con su cobertura vegetal, ayuda a reducir el impacto de las inundaciones. También aporta a la regulación de la temperatura y a la mitigación climática.

“Su valor ecológico es muy importante. Existen alrededor de 120 especies de aves, entre ellas especies endémicas, amenazadas y en peligro de extinción”.

Diana Rojas, bióloga de la Gerencia Regional de Recursos Naturales

Pero esa riqueza se encuentra en un espacio sometido a distintas presiones. Además de la expansión de la frontera urbana, se han identificado problemas relacionados con el vertimiento de aguas residuales, la acumulación de residuos sólidos, el relleno de determinadas áreas y la seguridad.

Uno de los problemas se encuentra en la infraestructura de saneamiento que rodea al humedal. La EVAR Los Robles presenta problemas operativos y genera descargas hacia el dren Turquía, que lleva las aguas hacia el área de influencia de Santa Julia. A ello se suma la situación de las estaciones de bombeo EVAR Surmedio y EVAR San Martín, administradas por la EPS Grau, que tienen más de 35 años y presentan problemas de funcionamiento.

Shirley Gonzáles, representante de la EPS Grau, explicó las consecuencias que puede generar esta situación. “Cuando una estación no tiene capacidad suficiente para bombear las aguas residuales, aumenta el riesgo de atoros, colapsos y afloramientos. Estos episodios terminan trasladando aguas servidas hacia los drenes y las zonas bajas que conectan con Santa Julia”, dijo.

La presión también proviene de las propias zonas urbanas. La EPS Grau ha identificado vertimientos de viviendas y colegios que no son usuarios de la empresa y realizan descargas hacia los drenes. Estas aguas terminan incorporándose a un sistema que conecta con las zonas bajas próximas al humedal.

La empresa ha planteado medidas para reducir estos riesgos. Una contempla conectar la EBAR Los Robles al sistema de la EBAR Sur Medio y posteriormente evacuar las aguas hacia la PTAR San Martín. Para ello se requiere repotenciar el sistema e instalar un equipo de bombeo de 75 litros por segundo. También se ha previsto renovar un colector primario entre el dren Petroperú y la EBAR San Martín, con una inversión superior a S/2 millones y un plazo de 90 días calendario.

A los problemas de saneamiento se suman los residuos sólidos y el ingreso de materiales utilizados para rellenar determinadas zonas. Frente a ello, la Municipalidad de Veintiséis de Octubre viene ejecutando acciones de limpieza, sensibilización y educación ambiental en los asentamientos humanos ubicados alrededor del humedal. El gerente de Desarrollo Ambiental, Johnny Rivera, explicó que la comuna realiza jornadas de recojo de residuos y trabaja con sectores como Santa Julia, Túpac Amaru y otros asentamientos cercanos mediante sus programas de educación y reciclaje.

Sin embargo, la propia municipalidad reconoce que la conservación de Santa Julia trasciende sus competencias. La delimitación del ecosistema, la protección de sus áreas y la solución integral del saneamiento requieren la intervención coordinada de entidades regionales y nacionales.

Santa Julia no es un espacio estático. El agua que hoy ocupa una parte del humedal puede extenderse o reducirse según las condiciones de cada año. Las imágenes revisadas muestran esa variación y también cómo, mientras el espejo de agua cambia, las viviendas y las vías se han ido consolidando alrededor del ecosistema.

El agua busca naturalmente los espacios por donde puede acumularse y desplazarse. Santa Julia forma parte de ese territorio. Si las áreas urbanas continúan acercándose a sus bordes, una expansión del espejo de agua durante un periodo de lluvias intensas podría alcanzar sectores que hoy están ocupados por viviendas y vías.

El único ecosistema frágil reconocido de Piura, el Humedal Santa Julia, enfrenta una creciente presión por la expansión urbana, el vertimiento de aguas residuales, la acumulación de residuos sólidos y el relleno de determinadas áreas. Una revisión de Norte Sostenible de imágenes de Google Earth entre 2013 y 2025 muestra cómo la ocupación urbana se ha consolidado alrededor del humedal, mientras los datos de MapBiomas evidencian que su espejo de agua cambia de extensión según las condiciones de cada año. Ante este escenario, autoridades e instituciones plantean mejorar el saneamiento, reforzar la educación ambiental, delimitar el ecosistema y promover su investigación, turismo y aprovechamiento sostenible.

12 agosto, 2026