Ante el riesgo de que Piura enfrente un fenómeno de El Niño de fuerte a extraordinaria intensidad, la prevención no puede quedar únicamente en manos de las autoridades. Andrea Holguín, ingeniera meteoróloga del Centro de Monitoreo de Riesgos de Rímac, hizo un llamado a las familias a adoptar desde ahora medidas para reducir su exposición frente a las lluvias que podrían presentarse desde noviembre y alcanzar sus mayores niveles entre diciembre y marzo.
“Ya es momento de hacer acción desde nuestros hogares”, sostuvo la especialista durante su visita a Piura. Holguín explicó que los pronósticos climáticos muestran condiciones favorables para lluvias por encima de lo normal y advirtió que el impacto dependerá también de qué tan preparados se encuentren los sectores que históricamente han sufrido inundaciones.
La advertencia cobra mayor relevancia en una región donde se han identificado más de 150 puntos críticos expuestos a posibles afectaciones. De acuerdo con la información presentada por la especialista, estos puntos fueron evaluados según distintos niveles de riesgo y, para las acciones de capacitación y prevención, se priorizaron inicialmente 60 ubicaciones consideradas de muy alto riesgo.
Revisar la vivienda antes de que lleguen las lluvias
Holguín sostuvo que una de las primeras tareas de las familias debe ser identificar si sus viviendas se encuentran en zonas que fueron afectadas durante eventos anteriores, particularmente durante el fenómeno de El Niño de 2017.
A partir de esa evaluación, recomendó revisar las condiciones de los techos y canaletas, identificar por dónde podría ingresar el agua y verificar las rutas de evacuación o drenaje disponibles alrededor de la vivienda.
‘’También es necesario contar con sacos de arena en aquellos inmuebles que históricamente han registrado ingreso de agua. La finalidad, es reducir el riesgo y ganar tiempo ante una eventual inundación’’, sostuvo.
La prevención, sin embargo, no debería limitarse a cada vivienda. La especialista recomendó que los vecinos se organicen y conozcan de antemano cómo actuar ante una emergencia.
“No podemos eliminarlo, pero sí reducir sus efectos mediante acciones anticipadas’’, señaló.
Un escenario que no debe esperar a las lluvias
Holguín sostuvo que el comportamiento actual del océano y los pronósticos justifican acelerar las acciones preventivas. El calentamiento observado durante 2025-2026 presenta similitudes estadísticas con el comportamiento registrado durante El Niño de 1997-1998, aunque aclaró que esto no significa que ambos eventos vayan a ser iguales.
La especialista insistió en que cada fenómeno de El Niño tiene características propias y que las comparaciones históricas sirven para identificar tendencias, no para anticipar exactamente el impacto que tendrá el próximo evento.
En ese contexto, consideró que la preparación debe avanzar antes de que las lluvias se intensifiquen. Para las autoridades, esto implica acelerar las intervenciones en los puntos críticos; para las familias, conocer su nivel de exposición y adoptar medidas básicas de protección.
“Los modelos nos llaman a accionar, no podemos esperar a que el agua llegue a las calles. Todavía existe el margen para reducir el impacto’’, sostuvo.
El escenario también podría tener repercusiones en actividades económicas como la pesca y la agricultura. El calentamiento del mar puede desplazar especies que requieren aguas frías, mientras que las altas temperaturas y las lluvias pueden afectar los cultivos, acelerar procesos de maduración y provocar pérdidas agrícolas. Estos impactos, a su vez, podrían trasladarse a los precios de los alimentos.
Para Holguín, la combinación de un océano persistentemente cálido, lluvias potencialmente superiores a lo normal y puntos críticos todavía pendientes de atención convierte a la prevención en una tarea inmediata. En Piura, la experiencia de 2017 ofrece además un antecedente concreto de las consecuencias que puede tener la falta de capacidad para manejar grandes volúmenes de agua.
Portada: Agencia Andina