En el imaginario colectivo del norte peruano, el Fenómeno del Niño suele estar asociado a destrucción: lluvias intensas, infraestructura colapsada y pérdidas económicas. Sin embargo, un estudio liderado por el investigador de la Universidad de Piura, Rodolfo Rodríguez Arismendiz, en el marco del Fondo de Reconocimiento y Soporte a la Producción Científica (2025-I), plantea mirar más allá del desastre y reconocer una realidad poco documentada: para las comunidades del desierto de Sechura, en Piura, el Niño también puede ser sinónimo de abundancia.
“El Niño representa abundancia y no desastre para los habitantes del desierto”, afirma Rodríguez en diálogo con Norte Sostenible, recogiendo testimonios locales que desafían la visión tradicional. En comunidades como Mala Vida, históricamente marcadas por la escasez, las lluvias extraordinarias abren una ventana de oportunidades productivas que transforma el paisaje y la economía local.
El estudio evidencia que, tras episodios intensos de lluvias, el desierto se convierte temporalmente en un sistema rico en recursos gracias a la expansión de cuerpos de agua en el desierto. Lagunas como La Niña, Ramón o Ñapique, que en condiciones normales permanecen secas, llegan a alcanzar extensiones significativas, creando ecosistemas temporales altamente productivos.
‘’La laguna La Niña es un ejemplo notable de transformación; en enero de 2017 no tenía agua, pero apenas dos meses después, debido al fenómeno, se estima que se extendió hasta alcanzar unos 600 km²’’
Estas lagunas impulsan la pesca lacustre, una actividad clave para la subsistencia. Especies como la lisa, el bagre, la mojarra y la tilapia proliferan rápidamente, permitiendo capturas en volúmenes importantes que incluso requieren transporte en camiones, según documenta la investigación.
“Es una abundancia que rara vez ha sido reconocida como un beneficio directo de lo que normalmente consideramos un desastre”, explica el investigador.
Las lluvias también permiten el desarrollo de la agricultura temporal en suelos arenosos. Cultivos como maíz, frejol, algodón, sandía y zapallo prosperan gracias a la humedad acumulada.
En paralelo, el crecimiento de pastizales impulsa la ganadería, especialmente caprina y ovina. Este incremento no solo favorece la producción de carne, sino también derivados como queso y miel, fortaleciendo la economía familiar.
Reforestación natural del bosque seco
Un hallazgo relevante del estudio es el impacto positivo en el ecosistema. El bosque seco del norte peruano experimenta procesos de reforestación natural, particularmente con especies como el algarrobo, el zapote y otras como el bambú.
Este fenómeno ocurre gracias a un mecanismo ecológico clave: el ganado consume frutos como la algarroba y dispersa las semillas a través de su proceso digestivo. Con la llegada de las lluvias, estas semillas germinan, regenerando el bosque de manera natural, en un proceso que puede durar cerca de 10 años, hasta que la especie alcance su madurez.
Pese a estos beneficios, Rodríguez advierte que el problema no es el fenómeno en sí, sino la falta de preparación, gestión de las autoridades y la carencia de infraestructura adecuada.
‘’Aunque el fenómeno trae consigo lluvias intensas cada 5 a 7 años que pueden causar impactos adversos, el carácter de ‘desastre’ está fuertemente ligado a la falta de soporte técnico, microeconómico y de infraestructura para las comunidades más desprotegidas’’, manifestó.
Por eso es que, mientras algunas zonas como Sechura aprovechan el agua, ciudades como Piura o Sullana sufren los estragos por no estar preparadas para procesar fuertes volúmenes de lluvia.
De desastre a gestión de oportunidades
“El enfoque tradicional ha sido invertir solo para enfrentar desastres, pero también deberíamos invertir para aprovechar las oportunidades que el Niño genera”, señala Rodríguez.
El investigador enfatiza la necesidad de que las autoridades brinden asistencia técnica a las comunidades, faciliten acceso a financiamiento y fortalezcan capacidades productivas locales Esto permitiría maximizar los beneficios económicos sin ignorar los riesgos asociados.
El estudio también subraya la importancia de seguir de cerca el calentamiento del océano Pacífico, indicador clave del desarrollo del Fenómeno del Niño. Según proyecciones internacionales, estos eventos continuarán ocurriendo en ciclos, lo que hace imprescindible una estrategia de adaptación.
En un contexto de cambio climático, el mensaje es que el desafío no es solo resistir el impacto del Niño, sino aprender a convivir con él. Mientras muchas ciudades del norte aún luchan por mitigar los daños de las lluvias, las comunidades del desierto de Sechura ofrecen una lección valiosa: incluso en escenarios adversos, la naturaleza puede abrir oportunidades.
’’Reconocerlas, entenderlas y gestionarlas adecuadamente podría marcar la diferencia entre la vulnerabilidad y el desarrollo sostenible en la región’’, finalizó.
Foto de portada. Estuario de Virrilá, desierto de Sechura.